"Y recordá / la vida / no es más que estos pedazos de nosotros / compartidos con los demás"

domingo, 5 de agosto de 2018

Marcelo Steblak, Encuentro en Taller La Plata con Néstor Mux










TALLER MARCELO STEBLAK
(La Plata, 1965)
ENCUENTRO CON NÉSTOR MUX
(ENCUENTRO CON LA POESÍA)

     Por fin la espera dejó de serla. Llegó el jueves 2 de agosto donde nos convoca el Taller Literario Mundo Despierto de José María Pallaoro al encuentro con Néstor Mux, poeta que nació en La Plata en 1945.
     Llegamos al Taller con Adriana con la grata sorpresa de que Néstor ya nos estaba esperando junto a José María. Ese hecho en sí mismo me pareció  de una humildad increíble,  de esas personas que trasmiten su arte sin pedir nada a cambio.
     Los demás participantes: Mirta, César, Camila y Laura, tía de Camila,  fueron entrando al departamento para comenzar un jueves distinto.
     Néstor extendiendo su mano para un saludo cordial  y con algunas preguntas sobre cada uno de nosotros producía en ese primer contacto la ruptura de la distancia.
     José María empezó leyendo un fragmento del capítulo “Poesía y poema” del libro El arco y la lira de Octavio Paz. Fue el disparador para una noche especial.

     La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!
     ¿Cómo no reconocer en cada una de estas fórmulas al poeta que la justifica y que al encarnarla le da vida? Expresiones de algo vivido y padecido, no tenemos más remedio que adherirnos a ellas —condenados a abandonar la primera por la segunda y a ésta por la siguiente. Su misma autenticidad muestra que la experiencia que justifica a cada uno de estos conceptos, los trasciende. Habrá, pues, que interrogar a los testimonios directos de la experiencia poética. La unidad de la poesía no puede ser asida sino a través del trato desnudo con el poema.
     Al preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundimos arbitrariamente poesía y poema? Ya Aristóteles decía que «nada hay de común, excepto la métrica, entre Hornero y Empédocles; y por esto con justicia se llama poeta al primero y fisiólogo al segundo». Y así es: no todo poema —o para ser exactos: no toda obra construida bajo las leyes del metro— contiene poesía. Pero esas obras métricas ¿Son verdaderos poemas o artefactos artísticos, didácticos o retóricos? Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico —estrofas, metros y rimas— ha sido tocado por la poesía. Hay máquinas de rimar pero no de poetizan Por otra parte, hay poesía sin poemas; paisajes, personas y hechos suelen ser poéticos: son poesía sin ser poemas. Pues bien, cuando la poesía se da como una condensación del azar o es una cristalización de poderes y circunstancias ajenos a la voluntad creadora del poeta, nos enfrentamos a lo poético. Cuando —pasivo o activo, despierto o sonámbulo— el poeta es el hilo conductor y transformador de la corriente poética, estamos en presencia de algo radicalmente distinto: una obra. Un poema es una obra. La poesía se polariza, se congrega y aisla en un producto humano: cuadro, canción, tragedia. Lo poético es poesía en estado amorfo; el poema es creación, poesía erguida. Sólo en el poema la poesía se aisla y revela plenamente. Es lícito preguntar al poema por el ser de la poesía si deja de concebirse a éste como una forma capaz de llenarse con cualquier contenido. El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre. Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o emite poesía. Forma y substancia son lo mismo.

     Una de las primeras apreciaciones de Néstor sobre el texto de Paz es que está muy bien. Resalta cómo los opuestos definen con maestría lo que representa la poesía. Ostenta, según Mux, todos los rostros y no representa a ninguno (risas de Néstor). En este fragmento, en la primera línea, el poeta se perdió en la palabra “poder”. Él nunca advirtió dominio sobre nada. Nos dice que la intención del poeta es crear un puente  entre el lector y el escritor.
     César, en ese instante, nos lee una parte de su reseña donde hace hincapié  en que la poesía de Néstor es una catarsis de sentimientos, que transpira honestidad artística y personal. Palabras que llegan hondamente al autor.
    ¿Qué es lo que hace que un texto sea un poema?
     En la naturaleza hay seres vivos: personas, animales, plantas. El poema para ser tal tiene que ser un agregado a esa naturaleza, tiene que estar vivo al abrir el libro. La poesía dice lo que otros géneros no pueden decir (lo indecible). Mirta hace referencia a un  poema que le gustó mucho “Posesiones”. Mux dice que utiliza lo material (la “sartén”) como excusa para transcender, en lo sencillo encuentra el pretexto para revelar lo que nos quiere transmitir. Y nos lee su poema.
     ¿Cómo fue tu encuentro con la poesía?
     A los 18 años formé un grupo con Oteriño, Ponce de León y Dillon, con quienes editamos una serie de cuadernillos. Fueron aproximaciones malas a la poesía. En esos tiempos pegábamos afiches en la calle. En  ese acto de rebeldía conocí a quien fuera mi mujer durante 33 años.  
   ¿Por qué empezó a escribir?, preguntó Camila. Para sorpresa de todos nos respondió que no sabía. Entonces quise saber cuándo sintió que encontró su tono, su voz. A partir de Nosotros en la tierra (1968), dice.
     César lee otro párrafo de su reseña donde nos dice que el mundo de Mux no difiere en apariencia del mundo de cualquiera de nosotros: las cosas de la casa, los recuerdos de la infancia, la familia. En ese momento recuerda el poema “Remolques y memorias” que hace referencia a su padre,  lo pudo escribir 5 años después de su  muerte. Fue importante en su vida. Dijo que recuerda que era un hombre de poco diálogo pero que cumplía muy bien su rol dentro de la familia. A Laura cada vez que lo escucha le surge  inmediatamente una emoción reparadora.  Adriana comenta que ese “remolque” no es sólo en sentido literal sino también metafórico y le menciona otro de sus poemas, inédito aún, “Olores”. Mux detiene su mirada en el poema. Lo lee.
    Sobre la poesía, Néstor comenta que el esfuerzo tiene que ser proporcional entre el escritor y el lector. Y a su vez lo visualiza como una naranja donde cada uno puede sacarle el jugo o no. Lo que más le agrada es lo que el lector imagina, por eso no se siente a gusto con los escritores herméticos porque no puede entrar ni salir de sus textos. Le agrada la sencillez de las palabras para alcanzar la profundidad.
    En distintas oportunidades, llamamos a nuestro profesor “Palla”, y esa mención le resulta un acierto de nuestra parte. Yo siempre lo llame Pallaoro, dijo.
    ¿Cualquiera puede escribir? Nace como interrogante en el grupo. Mux sostiene que todos pueden escribir pero no todos pueden llegar encontrar la manera de trasmitir lo que buscan.
    ¿Cómo aparece el poema?
     Dice que nunca escribe por compromiso; siente que algo puede ocurrir cuando un pensamiento, razonamiento lo empieza a perseguir como una sombra. Hay que meterse de lleno cuando llega la idea y encontrar el resquicio por donde pasar. Néstor considera que Juan José Hernández es demasiado literario en algunos de sus poemas; no así en sus cuentos donde realmente se  muestra sincero, por eso prefiere su narrativa. 
    ¿Corrige mucho sus textos?
     No corrijo mucho, sólo lo necesario para encontrar el tono. Una vez finalizados mis poemas Pallaoro es uno de mis primeros lectores como lo fue mi madre en su tiempo. Sus miradas me confirman que lo realizado es digno de estar escrito. Una anécdota le viene a la memoria cuando habla de las miradas. “Se encontraban varios poetas compartiendo un asado en mi casa. Yo estaba terminando un texto en mi Lettera 22, los versos cubrían toda la página. Se aproxima por detrás el poeta Horacio Nuñez West, y me dice que el poema estaba en las primeras líneas. Y quedó el texto definitivo. Se llama “Juanpedro”.
     César lee su reseña y Néstor concuerda con lo escrito sobre sus temas, la evolución de sus textos, los sentimientos. Nos comenta que los textos crecen con uno. Allí comenzamos a nombrar poemas que nos llegaron: “Perros atados”, “Muchachos”, “Fotografía en el hospital”. Para ordenarnos, como en distintos momentos del encuentro, José María vuelve a las preguntas: ¿Admirás a Fellini?
Sí, sostuvo Mux, aprendí mucho de él. Sus películas son perfectas, a pesar de que en vez de filmar el mar, utilizaba nylon para recrearlo. Era un gran mentiroso, brillante. Pero a mí no me sale mentir, soy sincero. Entre escribir sobre los cisnes en Bélgica y una situación familiar, elijo lo conocido. Algo que también siempre nos trasmite nuestro profesor.
     Pallaoro le pregunta acerca de Edgar Bayley y el movimiento invencionista. Néstor expresa que, por supuesto, se puede mentir en la poesía; a muchos le sale bien, pero a él, no.
     José María le entrega a Néstor una fotocopia de sus poemas inéditos, la serie “Sueños al ras del suelo”. Comienza a leerlos haciéndonos como Adán y Eva partícipes de la creación. Deseamos que más lectores en un futuro no tan lejano puedan disfrutar y emocionarse como nosotros lo hicimos.
     Como una extensión de este encuentro con Néstor Mux, llega la comida y el buen vino. Y con ellos las anécdotas del poeta que fueron estimuladas por José María Pallaoro quien lo conoce mucho.
     Una de ellas fue con el que fuera su maestro, Roberto Themis Speroni. En un comienzo Néstor le entregaba sus poemas  y éste le decía que no eran malos sino muy malos pero que lo siguiera intentando. Roberto frecuentaba el Banco Municipal donde trabajaba el padre de Mux. En esos encuentros ajenos al arte le mencionó que su hijo escribía muy bien, que iba a ser un excelente poeta pero que no se lo dijera. Su padre mantuvo su palabra hasta la muerte de Speroni. Para Néstor fue una sorpresa y una gran pérdida a la vez. 
   La del Tío Coco fue la más atractiva en cuanto al relato. Coco era el menor de 6 hermanos. Néstor nos dice que siempre le escapó al trabajo. Recortaba del diario esquelas para su jubilación. Todos sabíamos que nunca trabajó. Nos mirábamos y comentábamos que nunca le iba llegar la jubilación. Para nuestro asombro al poco tiempo de morir su jubilación le fue concedida.
    Nos despedimos con un hasta pronto, después de haber disfrutado de un encuentro con Néstor Mux, un encuentro con la poesía.


En Taller La Plata, jueves 2 de agosto de 2018,
Encuentro con el poeta Néstor Mux
Marcelo Steblak, integrante Taller Mundo despierto


Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

jueves, 19 de julio de 2018

LAURA WITTNER Felices por error














TALLER LAURA WITTNER
(Buenos Aires, 1967)
EPIGRAMA



Dijiste algo y entendí mal.
Los dos reímos:
yo de lo que entendí,
vos de que yo festejara
semejante cosa que habías dicho.
Como en la infancia,
fuimos felices por error


En Diario de Poesía, n° 48, 1998/99
Foto: Cuaderno de tapa azul, Jmp

Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

viernes, 13 de julio de 2018

CRISTINA PERI ROSSI Entonces me dijeron que un poema no servía















TALLER CRISTINA PERI ROSSI 
(Montevideo, Uruguay, 12 de noviembre de 1941)
PARA QUÉ SIRVE LA LECTURA

Me llaman de una editorial
y me piden que escriba
cinco folios sobre la necesidad de la lectura

No pagan muy bien
¿quién podría pagar bien por un tema así?
pero de todos modos
necesito el dinero

así que enciendo el ordenador y me pongo a pensar
sobre la necesidad de la lectura
pero no se me ocurre nada

es algo que seguramente sabía cuando era joven
y leía sin parar
leía en la Biblioteca Nacional
y en las bibliotecas públicas

leía en las cafeterías
y en la consulta del dentista

leía en el autobús y en el metro

siempre andaba mirando libros

y me pasaba las tardes en las librerías de usados
hasta quedarme sin un duro en el bolsillo

tenía que volver a pie a casa

por haberme comprado un Saroyan o una Virginia Woolf

Entonces los libros parecían la cosa más importante de la vida

fundamental

y no tenía zapatos nuevos
pero no me faltaba un Faulkner o un Onetti
una Katherine Mansfield o una Juana de Ibarbourou

ahora la gente joven está en las discotecas
no en las bibliotecas

yo me hice una buena colección de libros
ocupaban toda la casa

había libros en todas partes
menos en el retrete

que es el lugar donde están los libros
de la gente que no lee

a veces tenía que seguirle durante mucho tiempo
las huellas a un libro que había salido en México
o en París

una larga pesquisa hasta conseguirlo

No todos valían la pena
es verdad
pero pocas veces me equivoqué
tuve mis Pavese mis Salinger mis Sartre mis Heidegger
mis Saroyan mis Michaux mis Camus mis Baudelaire
mis Neruda mis Vallejo mis Huidobro
para no hablar de los Cortázar o de los Borges
siempre andaba con papelitos en los bolsillos
con los libros que quería leer y no encontraba
por allí andaban los Pedro Salinas y los Ambrose Bierce
la infame turba de Dante

pero ahora no sabía decir para qué maldita cosa
servía haber leído todo eso

más que para saber que la vida es triste

cosa que hubiera podido saber sin necesidad de leerlos

Cuando habían pasado cinco horas yo todavía no había escrito
una sola línea
así que me puse a escribir este poema
Llamé a los de la editorial
y les dije creo que para lo único que sirve
la lectura
es para escribir poemas

no puedo decirles más que eso

entonces me dijeron que un poema no servía,
que necesitaban otra cosa.


De Playstation, 2009


     Hay dos ideales de escritora: “la poeta” (o “el poeta”) que desprecia los otros géneros porque tiene una idea muy elevada de la poesía, y una escritora que, como yo, piensa que la literatura –hasta la poesía– se expresa en diferentes formas, no exclusivamente en verso, y ni siquiera, siempre, en verso. Mi ideal es una escritura lo más abarcadora posible, y hay “asuntos” –por no decir temas-  que exigen más lo narrativo que lo metafórico, y no he querido renunciar a ellos.  Como lectora, no podría renunciar a los  cuentos de Salinger o de Saroyan, ni a la gran novela de Proust, ni a los inteligentísimos ensayos de McLuhan o de  Susan Sontag, de modo que, como escritora, he pretendido abarcar todas esas formas de expresión, pero teniendo en cuenta que la escritura es, siempre, artificio (arte hecho), es decir, creación deliberada de belleza. Aún la belleza de la fealdad o del mal. (No en vano Baudelaire tituló su poemario Las flores del mal.)
     En cuanto a la poesía, es una esencia, no una forma. Yo encuentro tanta poesía –desolada,  solitaria, final– en un cuadro de Hopper como en una película de Visconti, un grabado de Eduardo Sanz o, a veces, en el gesto de una mano, en una mirada. Como toda esencia, la poesía es irreductible: no se puede definir. No hay poesía en todos los poemas –hay más mala poesía publicada que buena  y está bien que así sea: si toda fuera buena, no podríamos distinguirla de la que no lo es–  pero a veces la hay también, y mucha, en otras formas de expresión.
     Para mí, la poesía es percepción y emoción, asuma la forma que asuma (verso, palabra, relato, escena, composición musical). Pero no cualquier percepción ni cualquier emoción. Se trata de una percepción no vulgar, de una emoción no vulgar. La poesía exige un refinamiento de los sentidos y de la inteligencia.  Como se trata de una percepción, tenemos que ser muy humildes: yo he escuchado decir que hay poesía en un gol de Ronaldinho, y para quien lo dice, eso es poesía.  La poesía está en la mirada de quien contempla, no en la cosa en sí. Está en la percepción, no en el objeto.
Para mí (la poesía) cumple dos funciones: primero, es la memoria de las emociones y de los sentimientos. Nos da la identidad contra el olvido. La segunda función es la de espejo, es el otro lado del espejo de lo real: abre las puertas para acceder a esa zona de lo íntimo a la que la novela no llega, porque cuenta hechos. A la poesía le basta con expresarlos.



Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

martes, 10 de julio de 2018

GUILLERMO SAAVEDRA Hacer hablar al instante antes de que se zambulla en el olvido

Sandro Penna








TALLER GUILLERMO SAAVEDRA
(Buenos Aires, 7 de octubre de 1960)
PENNA EN SU HORA

     Esta es la hora en que una poesía como la de Sandro Penna (Perugia, 1906-Roma, 1977) cobra todo su espesor. Porque sus versos, sencillos en apariencia, perfectos sin ninguna duda, montados a menudo sobre la música tan italiana del endecasílabo, son hijos del susurro. No el de quien no se atreve a pronunciar, pongamos por caso, su homosexualidad (Penna nunca la ocultó y eso le valió más de un disgusto), sino el de aquel que huye del énfasis porque comprende que este es enemigo de lo efímero, de lo volátil, de lo que nunca se anima a ser del todo y se resiste, no obstante, a desaparecer. Contemplativo y bohemio, pobre habitante de trenes y de bares en horas como esta, insisto, en que el día está “hecho de cosas más que de personas”, Penna es de algún modo la antípoda exacta de la intelectualidad hermética y a veces glacial de Eugenio Montale. Amigo de Umberto Saba, de Pier Paolo Pasolini y de Natalia Ginzburg, su mejor semblanza la trazó precisamente la autora de Querido Miguel, afecta como Penna a los módicos regalos del día: “De la felicidad, solo pidió las migajas y los céntimos”. Me atrevo aquí, enamorado de la hora y por lo tanto en vena amable para Penna, a una versión espontánea, más atenta al ritmo que a la literalidad, de uno de sus poemas. Lluvia, mundo y luz juegan aquí entre sí a las escondidas, presentados desde la materialidad de las palabras antes que a partir de su sentido. Y así el poema consigue su objetivo: hacer hablar al instante antes de que se zambulla en el olvido.


Las puertas del mundo no saben
que afuera la lluvia lo busca.
Lo busca. Lo busca. Paciente
se pierde, regresa. La luz
ignora la lluvia. La lluvia
ignora la luz. Las puertas,
las puertas del mundo se cierran:
cerradas al agua,
también a la luz.


Le porte del mondo non sanno
che fuori la pioggia le cerca.
Le cerca. Le cerca. Paziente
si perde, ritorna. La luce
non sa della pioggia. La pioggia
non sa della luce. Le porte,
le porte del mondo son chiuse:
serrate alla pioggia,
serrate alla luce.


Los textos forman parte de estudio en ejercicio de taller.-

miércoles, 27 de junio de 2018

MATSUO BASHŌ En los ojos de los peces









TALLER MATSUO BASHŌ
(Ueno, Akasaka, Japón, 1644 - Osaka, 28 de noviembre de 1694)
SENDAS DE OKU
(Fragmento)



(…) Salimos el veintisiete del Tercer Mes. El cielo del alba envuelto en vapores; la luna en menguante y ya sin brillo; se veía vagamente el monte Fuji. La imagen de los ramos de los cerezos en flor de Ueno y Yanaka me entristeció y me pregunté si alguna vez volvería a verlos. Desde la noche anterior mis amigos se habían reunido en casa de Sampu, para acompañarme el corto trecho del viaje que haría por agua. Cuando desembarcamos en el lugar llamado Senju, pensé en los tres mil ri de viaje que me aguardaban y se me encogió el corazón. Mientras veía el camino que acaso iba a separarnos para siempre en esta existencia irreal, lloré lágrimas de adiós:


Se va la primavera,
quejas de pájaros, lágrimas
en los ojos de los peces.


Este poema fue el primero de mi viaje. Me pareció que no avanzaba al caminar; tampoco la gente que había ido a despedirme se marchaba, como si no hubieran querido moverse hasta no verme desaparecer.



Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

lunes, 25 de junio de 2018

WALLACE STEVENS El ojo del mirlo















TALLER WALLACE STEVENS
(Reading, Pensilvania, EE.UU, 2 de octubre de 1879 –
Hartford, Connecticut, 2 de agosto de 1955)
TRECE MODOS DE CONTEMPLAR A UN MIRLO

I
Entre veinte nevados montes
lo único móvil
era el ojo del mirlo.


II
Yo era de tres opiniones,
como un árbol
sobre el que se posan tres mirlos.


III
Giraba el mirlo con los vientos otoñales.
Era su breve papel en la pantomima.


IV
Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.


V
Yo no sé qué preferir,
si la belleza de las cadencias
o la belleza de las alusiones,
el silbido de un mirlo
o lo que sigue.


VI
Los carámbanos cubrían la amplia ventana
de cristales bárbaros.
La sombra del mirlo
la atravesaba, de un lado a otro.
El estado de ánimo
trazó en la sombra
un motivo indescifrable.


VII
Oh tenues hombres de Haddam,
¿por qué imagináis a pájaros dorados?
¿No veis cómo el mirlo
anda entre los pies
de las mujeres que os rodean?


VIIII
Yo sé de nobles acentos,
y lúcidos, inevitables ritmos:
pero sé, también,
que el mirlo estás implicado
en lo que no sé.


IX
Cuando el mirlo se perdió de vista
señaló los límites
de uno de los muchos círculos


X
A la vista de los mirlos
volando en una luz verde,
aún los alcahuetes de la eufonía
gritarían agudamente.


XI
Viajó por Connecticut
en un coche de cristal.
Una vez el miedo lo traspasó,
al confundir la sombra de su equipaje
con mirlos.


XII
El río se mueve.
El mirlo debe estar volando.


XIII
La tarde entera fue ocaso.
Nevaba
y seguía nevando.
El mirlo se posaba
en las ramas del cedro.


Versión de Alberto Girri

Los poemas forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

martes, 12 de junio de 2018

ILDIKO NASSR Dice que ellos crearon su mundo en trece días









TALLER ILDIKO NASSR
(Río Blanco, Provincia de Jujuy, Argentina, 1 de abril de 1976)
CUATRO MICRORRELATOS


EL EMPERADOR

     En una fecha y un lugar distantes y que ya nadie recuerda, el hijo del monarca fue nombrado emperador a los doce años. Era aún un niño más interesado en jugar que en gobernar. No entendía las nociones de pueblo, orden, justicia…  sólo había en su vocabulario vida, juego, magia, aventuras…
El niño estaba a cargo de un séquito de mujeres que lo protegían. Un hombre solo entre las mujeres que manejaban sus días. El emperador no tomaba decisiones. Sin embargo, un día, con su firma, ordenaron matar a todos los niños del pueblo e incendiar las bibliotecas. Pronto se cerraron escuelas, posadas, lavanderías… las ciudades se volvieron tristes. El único niño del pueblo corría por las calles con su conciencia tranquila y sin saber mirarse a un espejo aún.


EL ERMITAÑO

     Sostiene el cuchillo con firmeza y lo inserta entre la carne y el hueso. La sangre brota y empalaga la mano que sostiene el cuchillo. Hay un eco como de tambores que se sienten en el cuerpo y martillean las sienes. Despedazar un cuerpo no es tarea sencilla. Separa huesos, entrañas y carne. Los acomoda en bolsas negras de residuos. Quiere hacer un trabajo prolijo pero la sangre es como la pintura en un bote que ha sido pateado sin querer. Se esparce por todos lados y no escurre. Todo lo mancha, todo lo pinta con su intensidad.  Todo es rojo. Incluso los huesos.
     La fuerza y la firmeza en los cortes flaquean. Lo que comenzó como una profunda incisión de desguace se convirtió en un macheteo improlijo y salvaje.
     Los recuerdos de aquella madrugada no le permiten caminar tranquilamente por las calles de la ciudad, por ello se mudó a la casita de la montaña y vive a base de meditación y soledad.


ALUMNO

     Un alumno me abrazó en clase. Se levantó de su banco y vino directo a mi cintura. Me sentí avergonzada. No sabía cómo taparme. No supe, tampoco, decirle nada.
     Esa noche, soñé que mordía su pene, lo masticaba (no sin dificultad) y me lo tragaba.
     —Eunuco —le decía y él no sabía cómo taparse.
     Extrañamente no había sangre.
     Al día siguiente en clase evité su mirada y a él. Saludé antes de irme y escuché su respuesta. Antes de entrar a la sala de profesores, no sé cómo, volvió a abrazarme. Sus abrazos son el consuelo de penas que vienen desde más allá de mis ancestros más remotos.
     No quise mirarlo, para que mi mirada no delatase las imágenes de mi sueño.
     Me susurró: nunca vuelvas a decirme eunuco.


DICEN

     Dice que ellos crearon su mundo en trece días. “Trece días, señora”, recalca.
     Dice que los dioses los crearon para escuchar una alabanza; y ellos supieron dársela.
     Dice que después llegaron esos, como papagayos gigantescos, y se llevaron todos los libros. “Los libros que alababan a los dioses, señora, y contaban nuestra historia. Se los llevaron hasta cerquita del mar y los quemaron, señora, los quemaron. Yo no pude salvar ni uno, señora, nada”.
     Dice que enamoraron a sus mujeres y ellos nada pudieron hacer.
     Después sobrevino el silencio.
     “¿Qué pasó después?”, insisto en la pregunta.
     Dice: “Señora, después no hay después”.
     Y queda callado, silenciado. La mirada perdida.
     —Pero siempre hay un después.
     “No, señora —dice— hasta eso se llevaron”.



De Los hermanos mayores (“El emperador” y “El ermitaño”) y Placeres cotidianos (“Alumno” y “Dicen”).


Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-