"Y recordá / la vida / no es más que estos pedazos de nosotros / compartidos con los demás"

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martes, 16 de abril de 2024

JUAN GELMAN Pareciera que están lavando el mundo

Casa Roja / Taller La Plata 


     En la memoria hay palabras que no se pueden decir. Duran, y hacen mal y hacen bien, como un caballo loco. Correr por esos campos sin tapar los ojos del recuerdo para que se detenga. Respetar el deseo que no fue. Contestarse con nada y mostrar valor ante el desastre. 

Casa Verde / Taller City Bell 


     La poesía tiene aceites para limpiar la palabra. Es más grasosa que la vida y deja manchas que llevamos sin merecer. Quema. Es movimiento de su obra y devuelve el pasado a su pasado. 



Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 – Ciudad de México, 14 de enero de 2014) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

Juan Gelman / Lluvia


martes, 20 de diciembre de 2022

EDGAR BAYLEY Hay tantas cosas en el mar



TALLER EDGAR BAYLEY 
(Buenos Aires, 1919 – 1990)
EL MAR 

hay tantas cosas en el mar
por ejemplo
ese verde pez bola con mandíbula
y está la arena
(tus brazos)
el deshielo
que hace que los ríos lleven
risotadas alaridos de espanto
las decepciones
las esperanzas de la gente

muy lejos del mar
adonde se llega descalzo

con hambre
con sed
prisionero de la aurora
del amor ciego
de un nombre
de una ventura
del perdón
muy lejos del mar
hay un pequeño pueblo

el mar la gente son así



En Antología personal, CEAL, 1983 / Foto: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

sábado, 3 de diciembre de 2022

JUAN GELMAN El temblor de mis labios

Casa Roja / Taller La Plata


TALLER JUAN GELMAN /
(Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 – Ciudad de México, 14 de enero de 2014) / 
ESCOLIO / 

     Escribí los poemas de dibaxu en sefardí, de 1983 a 1985. Soy de origen judío, pero no sefardí, y supongo que eso tuvo algo que ver con el asunto. Pienso, sin embargo, que estos poemas sobre todo son la culminación o más bien el desemboque de Citas y Comentarios, dos libros que compuse en pleno exilio, en 1978 y 1979, y cuyos textos dialogan con el castellano del siglo XVI. Como si buscar el sustrato de ese castellano, sustrato a su vez del nuestro, hubiera sido mi obsesión. Como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua, las más profundas y exiliadas de la lengua. Yo tampoco me lo explico. 

     El acceso a poemas como los de Clarisse Nikoïdski, novelista en francés y poeta en sefardí, desvelaron esa necesidad que en mí dormía, sorda, dispuesta a despertar. ¿Qué necesidad? ¿Por qué dormía? ¿Por qué sorda? En cambio, sé que la sintaxis sefardí me devolvió un candor perdido y sus diminutivos, una ternura de otros tiempos que está viva y, por eso, llena de consuelo. Quizás este libro apenas sea una reflexión sobre el lenguaje desde su lugar más calcinado, la poesía. 

     Acompaño los textos en castellano actual no por desconfianza en la inteligencia del lector. A quien ruego que los lea en voz alta en un castellano y en el otro para escuchar, tal vez, entre los dos sonidos, algo del tiempo que tiembla y que nos da pasado desde el Cid. 

     J. G

Dibaxu


En Dibaxu, Seix Barral, 1994 / Fotos: jmp / Archivo de La Talita Dorada / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 


Juan Gelman / un poema de dibaxu


miércoles, 23 de noviembre de 2022

ENCUENTRO CON ANTONIO MORO viernes 18 de noviembre

ANTONIO MORO, EDUARDO SABBIONE, SUSANA SIVEAU, MARCELO STEBLAK, VALENTINA LÓPEZ,
EUGENIA HUCK, GRACIELA TSIOULIS, JOSÉ MARÍA PALLAORO


“Los ojos se desvanecen en el silencio del río” 
Gonzalo Vaca Narvaja


El viernes 18 de noviembre dialogamos en CASA ROJA de La Plata 
con el poeta cordobés Antonio Moro 


Bello encuentro donde no sólo leímos poemas de Antonio, 
sino también de César Cantoni (que nos visitó), Alberto Girri, 
William Carlos Williams, Gottfried Benn 


IMPOSIBLE VIVIR SIN UN CUERPO

NO ALCANZA CON VESTIR EL PANTALÓN DEL MAESTRO

CAMINO DEL DESEO NO SUPO QUE ESCRIBÍA UN EPITAFIO

NUESTRO DESTINO ES SU MANO

UVAS DEL OLVIDO

POESÍA, HIJA PRÓDIGA QUE NOS CUIDAS

El silencio murmura otro reflejo
Nos quiere libres de la argucia
Protegidos por el camino sencillo
Distantes de ambigüedades y malicias

No un libro atado a la servidumbre
Testimonios del simulacro que dice mirar
En un mundo ya plagado de artimañas
Sino hablando la luz de cada día
Con la sombra que acepte nuestra duda


LA TALITA DORADA / TALLER MUNDO DESPIERTO / 
ANTONIO MORO, EDUARDO SABBIONE, SUSANA SIVEAU, MARCELO STEBLAK, 
VALENTINA LÓPEZ, EUGENIA HUCK, GRACIELA TSIOULIS, JOSÉ MARÍA PALLAORO… 
Ph Valentina López

sábado, 12 de noviembre de 2022

ANTONIO MORO en Taller La Plata


ANTONIO MORO 
en Taller La Plata 

Confía en su casa intemporal
Cómo perduran algunas hojas del poema

Con el límite de la espada el silencio
El cobijo de un nido para hablar

Los sueños al borde de la intemperie 
O la espera de una forma con la arcilla
Entendiendo que la vida nos quiere allí
Escuchando la respiración de lo que nace

Nos visita Antonio Moro en Taller La Plata / Su último libro de poemas es Huso del olvido, editado por El Espejo Ediciones, en Córdoba, septiembre de 2021 / Acerca de este libro escribió Julián Axat: 

     “Huso del olvido (2021), un poemario afinado con precisión, que juega sobre los pliegues y repliegues de la memoria y el tiempo.
     Si aceptamos que el olvido es, como la memoria, fundador de un cuerpo político, no podemos dejar de percibir que los “usos” del olvido y la memoria son formas de sesgar la trama política (que nunca es neutra y es siempre funcional a una forma de poder, ¿de qué o de quien es coartada el olvido?). Y en esto al trastocar la palabra “uso” en “huso”, el agregado de la “h” redefine el concepto y se transforma en un hilado que tuerce y retuerce dicha trama cual ritornello. El hilo que se va formando en la rueca; el que teje (o desteje) una salida del olvido y la memoria del laberinto. ¿A quién favorece “el huso”, ya no “el uso”?
     ¿Acaso el poeta no cumple cierta función, y como Ariadna y teje con la lengua, hila sus fibras textiles más profundas para devolver un pasado que muchos quieren dar por muerto?  Dice Moro: La memoria deconstruye la vida / Disipa la bruma del olvido en la confianza/ En las visiones que continúan el relato…
     Ya la tapa del libro, con la pintura de Remedios Varo (“Simpatía -la rabia del gato-”, 1955) nos brinda una pista a través de las luces y entramados en el espacio. Porque “huso” es también zonificación del tiempo, su distribución cartográfica (como “huso” horario); por lo tanto en ese plano, “huso del olvido” funciona como una suerte de mapeo de los tiempos perdidos, a recobrar de la inmensa amnesia y espacialidad contra la que lucha la poesía a diario (no olvidemos al gran Aldo Pellegrini, que decía que la poesía lucha a diario contra los imbéciles).
     ¿Qué significa entonces que la memoria debe curar los husos del olvido? ¿Significa que la poesía puede protegernos de algún modo estas astucias? Lo dado trae paciencia de su huso, Antonio Moro escribe sus versos en el desfasaje entre el tiempo y los hechos. El recuerdo de las palabras y las cosas es también (como en Mallarmé) un golpe de dados  vital frente al silencio y el azar. El resto, es el poeta.
     Como dice Raúl Vidal en el epílogo (Inxordio), ¿Hay un narrador del poema? Me atrevo a decir que sí. Entonces, cuando el narrador en esta poesía hace uso de la tercera persona se metamorfosea en huso. Coherencia. La poesía que desgrana, por detrás de la música y el alivio tenso, narra. “Sin apropiarse de un sino”, narra… No hay vanidad en lo que enuncia quien narra el poema, ya que se ubica a justa distancia del aedo y no se disfraza de poeta. Acá el narrador es, sin buscarlo y por sortilegio del lector, poema.
      Poesía, hija pródiga que nos cuidas… Quizá la memoria cure el huso del olvido.”
(Publicado en El País Digital, 2 de diciembre de 2021)



Visitó las casas del deseo con lo dado 
Con el azar imposible de predecir
Y la flecha de la piedad en el corazón
Creyendo que el dios de las formas
Se sienta junto al pastor del mundo
Y el otro que desvanece el presente
Sobre la esterilla que habla del hambre

Detrás de las matas de su costumbre
Ella señala las hierbas que no crecieron


Antonio Moro nació a la vera del Río Suquia, Córdoba, en 1955 / Poeta, actor, librero y editor /


Lo mira hoy y ayer fue 

Esa tarde de esquivo presagio

Barullo desafortunado la mente
Dogo mordaz la demencial pasión

Su cara mudando en el espejo

De la descendencia a la ausencia
Solo escribe lo que no fue


José María Pallaoro, Horacio Preler y Antonio Moro, La Plata, 2006
Fotos: Archivo de La talita Dorada / jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

sábado, 5 de noviembre de 2022

ISIDORO BLAISTEN Balada del boludo





Por mirar el otoño
perdía el tren del verano. 
Usaba el corazón en la corbata. 
Se subía a una nube
cuando todos bajaban.

Su madre le decía:
no mires las estrellas para abajo
no mires la lluvia desde arriba
no camines las calles con la cara, 
que ensucias la camisa;
no lleves tu corazón bajo la lluvia,
que se moja;
no des la espalda al llanto;
no vayas vestido de ventana
no compres ningún tílburi en desuso.

Mirá tu primo, el recto
que duerme por las noches.
Mirá tu tío el justo
que almuerza y se sonríe.
Mirá tu primo el probo,
puso un banco en el cielo.
Tu cuñado el astuto
que ahora alquila la lluvia.
Tu otro primo el sagaz,
que es gerente en la luna.

-Tienes razón, mamá- 
dijo el boludo.
Y se bebió una rosa.
-No seré más boludo.
Y se bajó del viento.
-Seré astuto y zahorí.
Y dio vuelta una estrella para abajo.
Y se metió en el subte.
Y quedaron las gaviotas en el río.

Entonces vinieron los parientes ricos
y le dijeron:
-Eres pobre, pero ningún boludo.

Y el boludo fue ningún boludo, 
y quemaba en las plazas
las hojas que molestan en otoño
y llegó fin de mes
cobró su primer sueldo
y se compró cinco minutos de boludo.

Entonces vinieron las fuerzas vivas
y le dijeron:
-Has vuelto a ser boludo. 
-Boludo.
-Seguirás siendo siempre el mismo boludo.
-Seguirás siendo el mismo boludo de siempre.
-Seguirás siendo un boludo siempre.

-Debes dejar de ser boludo. 
-Boludo.
Y, medio boludo
con esos cinco minutos de boludo
dudaba entre ser ningún boludo
o seguir siendo boludo para siempre. 

Dudaba como un boludo. 

Y subió las escaleras para abajo
hizo un hoyo en la tierra
miraba las estrellas
la gente le pisaba la cabeza
le gritaba boludo 
y él seguía mirando 
a través de los zapatos
como un boludo.

Entonces, 
vino un alegre y le dijo: 
boludo alegre.
Vino un pobre y le dijo: 
pobre boludo.
Vino un triste y le dijo: 
triste boludo.
Vino un pastor protestante y le dijo: 
reverendo boludo.
Vino un cura católico y le dijo: 
sacrosanto boludo.
Vino un rabino judío y le dijo: 
judío boludo.
Vino su madre y le dijo: 
hijo, no seas boludo.
Vino una mujer de ojos azules y le dijo:
te quiero.



En El mago, mayo de 1974 / nueva versión, enero de 1993 / Foto: jmp / 
TALLER ISIDORO BLAISTEN (Concordia, 12 de enero de 1933 – Boedo, 28 de agosto de 2004) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

lunes, 4 de abril de 2022

IRENE GRUSS Las piedras de la orilla




V. W.

Amplios bolsillos para guardar
las piedras de la orilla.
El lago estremecía,
las burbujas eran luciérnagas
sobre el lago opaco.
Tanta belleza, más que fascinarla,
fue insoportable.
Avanzó
y murió ahogada,
lúcida y envuelta
en una terrible jaqueca, la última,
decididamente insoportable.



En Solo de contralto, Galerna, 1997 /
Irene Gruss (Buenos Aires, 31 de agosto de 1950 - 25 de diciembre de 2018) / 


Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

miércoles, 1 de diciembre de 2021

EUGENIO MANDRINI No somos muchos y estamos locos




AQUELLO 

    Estoy entre los que buscamos Aquello.
No somos muchos. Apenas unas almas ávidas
andando por los infiernos de esta tierra
que sin embargo va perdiendo la luz.

Estoy entre los que buscamos Aquello
que suele aparecer tras el torbellino de las visiones
o en los destellos de ciertos libros
de cólera y espuma: un lugar secreto imaginado
donde el tiempo aún no gastó sus primeros días.

Estoy entre los que buscamos Aquello.
No somos muchos y estamos locos (dicen)
porque sólo a los muertos les está dado entrar
a la dimensión de los grandes sueños,
tercamente locos (dicen) por querer saciar la sed
en la lengua de la verdad dado que ella es piedra muda.

Estoy entre los que buscamos Aquello.
A veces alguno lo augura y canta,
canta un himno todavía no escrito que habla
de hacer azul la sombra, olvido el llanto, sin trémolo
la jaula, inaudible la palabra vana,
hasta que una gota de penumbra apaga
el júbilo y los ojos.

Estoy entre los que buscamos Aquello,
que para algunos es la atracción del abismo,
para otros el único lugar bajo el sol
que ya no arde como entonces, y
para los que miran con un ojo ciego
y el otro desmesurado, la belleza que huye
y que no tiene fin.

Estoy entre los que buscamos Aquello.


En Conejos en la nieve, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2009
Eugenio Mandrini (Buenos Aires, 16 de diciembre de 1936 – 30 de noviembre de 2021) / Foto: jmp

Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller. - 


viernes, 27 de agosto de 2021

ESTELA FIGUEROA En el hueco que hay entre mis pechos



TALLER ESTELA FIGUEROA

 

 

“Árbol eres, musgo eres, eres violetas arrasadas”

E. Pound

 

 

En el hueco que hay entre mis pechos

puse un puñado de tierra.

 

En la tierra hundí

la raíz de una enredadera.

La enredadera empezó a crecer.

 

Yo

desnuda en el patio de mi casa

me apoyé en un árbol.

 

En poco tiempo estuve cubierta

por hojas frescas y verdes.

 

En poco tiempo la enredadera

pasó a envolver el árbol.

 

Yo pasé a ser el árbol.

Cuando llueve tomo agua

cuando hay viento tomo aire.

 

Como nadie me ve

nadie más me hará daño.

 

 

 

En Atlas de la Poesía Argentina, Edulp, 2017 / De Profesión: sus labores, 2016 / Fotos: jmp

Estela Figueroa (Santa Fe, 12 de agosto de 1946) /

 

Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller. -

jueves, 30 de mayo de 2019

AZUCENA SALPETER No sé por qué siempre espero a alguien

Azucena Salpeter. Lorna,
pintura de pared 90 x 89 cm























TALLER AZUCENA SALPETER
(Formosa, 1942. Reside en Tolosa)
LA PRÓXIMA VEZ LO HAREMOS MEJOR

Encendió los bordes
caminó en el aire
yo, claro, tan terrenal
como cualquiera que escribe sobre lo escrito
le convido chocolate debajo de las escaleras
me calzó los guantes
que tejió a propósito
la primera vez
cuando huimos de la eternidad
no sé tu nombre
cómo hiciste para encontrarme
con la pollera atada al cuello
cómo te sostenés
velloncito
caminás en el aire
saludable y victoriosa
como un salmo
yo me pierdo
no sé por qué siempre espero a alguien
y ese alguien también me imagina
nunca leo ángeles inmóviles
me vienen pueblos a los ojos
repican en el sueño
dónde están las redes de pescador
dos para los que salen por un rato
y almuerzan con nosotros
la otra me enlaza a tu cintura
me cubre los ojos
tal vez porque no se puede vivir sin besar
la muerte no se deja ver
la próxima vez lo haremos mejor, querida.




Hoy nos visita en TALLER LA PLATA. Azucena Salpeter nació en Formosa el 9 de noviembre de 1942. Desde 1957 reside en La Plata. Es médica, poeta, narradora y pintora. Publicó: El pescador de sombras (poesía, 1979, sello de honor de la SADE), Y el cielo sonrió (poesía, 1989), Las puertas del cielo (poesía, 1996, premio bienal profesor Dr. Pedro Laín Entralgo) y La mitad del cielo (novela, 1998, premio Mercosur).


Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

lunes, 27 de mayo de 2019

ALBERTO SZPUNBERG El poema vuelve a ser un juego inocente












TALLER ALBERTO SZPUNBERG
(Buenos Aires, 1940)
POEMA III


"Como si te dijera", o sea, todo esto es un decir, también este poema.

Por ejemplo: esta mañana pude descubrir en el perfil de la montaña un gesto que es tuyo, sobre todo cuando observo tu rostro contra el cielo, y ambos tan inasibles.

Pero no pensaba en ti, sino en la montaña, allá arriba donde el cielo también es inasible,

allá en lo alto de esa ola que no deja de avanzar en su tiempo, el mismo que empuja en el fondo de todos nuestros días.

Pero detenida para nosotros en el horizonte, podemos encontrar nuestro camino en relación con ella, su soledad,

o sea, con tu gesto que tampoco deja de empujar y empujar en el fondo de todos mis días, mis mañanas, mis silencios.

Como si te dijera: no pensando en ti sino en la montaña pude pensar que te encontraré y
hablaremos,

aun sabiendo que tu voz me distrae de todo lo que dices.

Como si te dijera: entre palabra y palabra, el poema vuelve a ser un juego inocente.



Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

viernes, 8 de marzo de 2019

TALLER ALGUNOS DE LOS TEXTOS LEÍDOS EL JUEVES 7 DE MARZO


Mirta Pérez, Carolina Cortazzo, Adriana Romano, Marcelo Steblak,
Romina Torchio y José María Pallaoro
  
   AYER EN TALLER LEÍMOS POEMAS DE GRANDES POETAS ARGENTINAS y, como siempre, hablamos  de poesía y literatura, que es hablar, me parece, es una intuición, de todos los temas. Comparto parte de lo leído.

AZUCENA SALPETER
   UNO NO SABE NUNCA POR QUÉ ESCRIBE (Fragmento)

Uno no sabe nunca por qué escribe. Se sienta al borde de los mundos como escuchándose más lejos. Dibuja palotes, cuerdas. Los nudos no llegan al cielo pero forman una red cada vez más extensa como las rayitas de tu mano o cartas de gorrión en países de tranvías.


CONCEPCIÓN BERTONE
   INVIERNO

La mujer de la bata gastada
barre las hojas de la vereda
ajena a la mirada que la desnuda. Barre
una llamarada de hojas de fresno
y enciende un fósforo
para que el fuego
la apague.


DIANA BELLESSI
   HE CONSTRUÍDO UN JARDÍN…

   He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos -dejarse ir- para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

   Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

   Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here
amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.


MARÍA DEL CARMEN COLOMBO
   TO SEE I
       al compás de ese blues la mujer
se desnuda
        le sale de la voz un viejo armiño
turbio
          y deshuesado
                              el sol de algún zapato
            brilla
                       como seno de lava
revolverá la noche con un pubis violáceo
frente al pezón opaco de su espejo

   TO SEE II
del espejo
              a su cuerpo
los ojos caen como frutos
                                      dormidos
en su cuna de sangre no verán
dónde arroja la piedra
   en qué tiempo penetra su imagen
         o quién
                     (por favor quién)
la llama desde un pozo


MARÍA ROSA LOJO
   BELLEZAS

   La belleza es una rosa pálida que alguien te ha obligado a morder. Separas los pétalos rotos, uno a uno, y los arrojas a esa sopa de letras que toman todos los niños obedientes. Hay una forma, un pájaro detrás de la ventana, un alado alud. Sin vacilación, rompes el vidrio con una furia blanca y lo abrazas a través de la sangre. Tienes miedo de mirarlo y cuando abres los ojos no lo ves. Pero las alas crecen en tu mano y se confunden con tu propio cuerpo. Ya no tienes rostro en los espejos. Alguien te ha hecho de belleza Otra, clandestina y terrible.


MIRTHA DEFILPO
   NATURALEZA MUERTA

Texto original para un segundo
el presente
sobresalta poco a poco.
Rehabilita signarse por el antes?
Entrever que los ayeres son ubicuos?
Tan escaso de estar
no veo el día:
saludo al insepulto continente
a toda su ambición
guijarro, polvo.
Transcribiendo a lo largo del disturbio
la erosión común de aducir algo.
Desde el comienzo lo he pensado todo.


ESTELA FIGUEROA
   NATURALEZA MUERTA

Tomates rojos
con una hendidura negra.
Limones amarillos
con pezones verdes.
Zanahorias erectas
papas ovales
bananas que yacen arqueadas.

Sexo sobre la mesa
donde amaso el pan.


MÓNICA TRACEY
   LA LENGUA DEL CUERPO

Perderse en el otro
es perderse
soltar la flecha
el arco el cuerpo
tensa
desaparece
ya no está
sino en la flecha
que desaparece
así el amor
abandona la mirada
en otros cuerpos
las manos en otro cuerpo
la dulce miel de los labios.





Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

lunes, 3 de diciembre de 2018

JOSÉ MARÍA PALLAORO Luis Pazos, poeta del vacío












TALLER JOSÉ MARÍA PALLAORO





LUIS PAZOS, POETA DEL VACÍO[1]



El cazador metafísico. Poesía reunida I forma parte de una trilogía. Es el primer volumen editado, y está compuesto por cuatro libros escritos entre 1971 y 2006: El Cazador Metafísico, El Desierto, El arquitecto de la nada y Samurai. Luis Pazos nació en La Plata en 1940. Participó de la actividad artística en grupos fundamentales de la ciudad: Grupo Diagonal Cero, Grupo de los 13 y Escombros, con este último desde el año 1988 hasta la actualidad.

Salvo lo antes apuntado, desconozco en profundidad los diferentes oficios por los que atravesó Luis Pazos en su vida. Conozco, sí, su oficio de poeta desde hace muchos años. Poemas recogidos en diversas antologías grupales; incluso algunos de sus versos están incluidos en Naranjos de fascinante música, poesía contemporánea de amor en La Plata, antología que hemos armado junto al poeta Néstor Mux en el año 2003 y que editamos bajo el sello Libros de la talita dorada.

Pazos, es decir, su poesía, su poética, me acompaña desde mi adolescencia, desde su inicial El cazador metafísico (de 1971, libro premiado, entre otros, por Alberto Girri y Carlos Mostronardi), editado en 1972, y que leí hacia fines de esa década. El cazador metafísico, como bien nos indica su autor, tiene como protagonista al hombre contemporáneo, hombre lanzado a un supuesto bosque en busca de lo inalcanzable: la verdad.

“Dios es lo que no se refleja” (poema “El cazador metafísico”), así se inicia el libro. Está Dios. Los dioses. Que se ocultan, como todo cazador; salvo aquel cazador metafísico, que se encuentra visible en lo invisible. “Nuevamente/ todo nos pertenece” (poema “El oráculo”). Es esta reedición fiel a la original, salvo por la inclusión de un poema inédito (“El búho”) que concluye diciendo: “…toda vida es sagrada/ y toda carne debe vivir.”

Diecisiete años después de su primer libro de poemas, Luis Pazos publica en 1988 El desierto. Y El desierto es una continuación de su primer libro. Los títulos de los poemas dan el tono a ese espacio-lugar que todo hombre debe atravesar hasta quedarse quieto para siempre. Varios de ellos nos acercan a: La sospecha, El Mesías, La condición humana, La presa, La búsqueda, El castigo, El disfraz, El pozo, La materia de lo real, El horizonte, El bosque, El sobreviviente, El huérfano, La herida, La oscuridad, El dueño, El deber, La última cena, El precio, El orante, La ley, El legado y El desierto.

En todo atravesar de los desiertos, algunas veces, hay un sobreviviente que logra llegar con gran desdicha, aunque más no sea mintiéndose. Al detenerse, y antes de continuar hacia las ruinas humeantes, escribe en la arena este libro.

El arquitecto de la nada (2000, inédito hasta esta edición) es un libro que se perdió. Vuelve como fragmento que logró rescatar la memoria y su desamparo. Hay un inicio: “Todo lo demolió./ Hasta los cimientos/ y aún más”. (Poema I). El arquitecto de la nada trasunta en sus XX poemas canciones desesperadas, y desdichas, lágrimas y abismos y pesadillas. Hay un destruir y un construir. Hay un enterrar y desenterrar herramientas. Hay una nada que es la casa de todos: el vacío. “Construyó en el borde/ del abismo/ porque amaba el vacío”. (Poema XVIII). Como morada final “…un desierto/ sin nombre// la casa/ de su padre”. (Poema XX).

En 2006 escribe, a pedido de su hija Camila, el libro Samurai (también inédito). Ahora, Pazos nos narra (poetiza) en 75 poemas sin título el insomnio de un guerrero. Lo más sórdido de la condición humana se espeja en matanzas, orgías, sangre, odio, cobardías, es decir, humanos que se devoran así mismos. Ser samurai es no ser hombre porque ser hombre es ser débil. El desasosiego de la razón sensible engendra samuráis. Y el samurai escribe. Escribe y calma la sed en el acero de su espada. Godard en una de sus películas hace decir a uno de los protagonistas, cito de memoria: “Quiero ser inmortal, y luego morir”. El samurai se dice hecho de eternidad, y en su testamento escrito en el filo de su espada, nos dice la última línea del libro: “Les dejo el sol”. Está en nosotros descubrir si para alumbrarnos o anochecernos.

Luis Pazos es un poeta del vacío. Un vacío que se completa con la sustancia de la poesía. Y eso es lo que importa: el contenido de este hermoso y doloroso libro que nos dice que todo viaje es necesario, aún atravesando espesas nieblas y oscuridades. Pero está el arte y su sol, muchas veces de fugaces rayos, que nos transmite la necesaria claridad (como pedía Edgar Bayley) casi todos los días.


[1] Publicado en suplemento Ideas, diario Diagonales, La Plata, domingo 2 de octubre de 2011. Acerca de El cazador metafísico. Poesía reunida I, Libros de la talita dorada, 2011.


jueves, 19 de julio de 2018

LAURA WITTNER Felices por error














TALLER LAURA WITTNER
(Buenos Aires, 1967)
EPIGRAMA



Dijiste algo y entendí mal.
Los dos reímos:
yo de lo que entendí,
vos de que yo festejara
semejante cosa que habías dicho.
Como en la infancia,
fuimos felices por error


En Diario de Poesía, n° 48, 1998/99
Foto: Cuaderno de tapa azul, Jmp

Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

domingo, 8 de abril de 2018

ALEJANDRA PIZARNIK Carta a Amelia Biagioni













TALLER ALEJANDRA PIZARNIK
(Buenos Aires, 1936-1972)
CARTA A AMELIA BIAGIONI
(1916-2000)


Buenos Aires, 18/XI/67

Querida Amelia:

     Mil gracias por EL HUMO (1967). Vengo de él y no logro encontrar una frase para destinarle; digo una frase como un manto real que a la vez fuera un manto de arpillera, una frase vestida de princesa pero mendiga.

     Por cierto que el primer gesto, al acabar tu libro –hace un minuto- ha sido colocarlo entre los libros que voy a releer -no hay muchos- porque EL HUMO me sedujo tanto que siento, simultáneamente, deseos de conocer -es imposible, lo sé, pero justamente- por qué y cómo y de qué manera. Por otra parte, la seducción se despliega en diversas gamas: el poema de la pág. 51, por ejemplo, es la seducción del misterio musical del lenguaje, o mejor, la magia hipnótica que me obligó a leerlo en voz viva.

(“Y ardiendo / acuden / las lenguas bífidas, / las rojas sibilas / ardiendo guay, / consumen, / las sibilas púrpuras, / las lenguas miserere / consuman, / ardiendo amén, / las lenguas encarnadas, / las perversas y santas inocentes, / ardiendo azules, / mentidas hasta el gris, / hasta gris verídicas, / ardiendo...”)

No es el único dotado de ese poder pero sí el más extremo.
     Esta mención te hará sonreír, acaso. ¿Cómo frente a cosas tan terribles, hablo de seducción y me complazco en magias “externas” -según algunos-? Precisamente, porque son terribles, y porque el lenguaje se les resiste y las traiciona, e incluso las anula, por eso, justamente, me impresionó doblemente tu libro. Precisamente, porque cada verso y cada palabra han sido llevados –padecidos- hasta su máxima tensión, y con toda la carga de sus sentidos plurales, estos poemas son un lugar -o un espacio- de reunión. Por eso, imagino, invocas a la dura poesía

(poema “Oh tenebrosa fulgurante”, pág. 65, donde doce: “Oh tenebrosa fulgurante, impía / que reinas entre cábala y quimera, / oh dura poesía / que hiciste mi imprevista calavera.”)

con términos lujosos y trágicos como si fuera la muerte; y por eso, imagino, ser poeta es, entre otras cosas, poseer esta virtud -sinónimo de “la condena”

 (“La condena”, poema de pág. 63, Biagioni describe el destino de Sísifo del poeta solitario que finalmente escucha otra voz “…Y reanudamos / la condena, cantando en el infierno”),

naturalmente- de adueñarse de la máxima paradoja -aquella que el viejo amigo Kierkegaard considera un escándalo. Paradoja que consistiría en que el más solitario, por obra y gracia de “alados Discursos”, crea un lugar -el poema- en donde otros solitarios se reúnen, se reconocen -en tanto afuera llueve y es invierno-. Tus poemas fueron siempre para mí lugares pero nunca lo fueron como ahora, gracias por EL HUMO. Incluso llegué a preguntarme cómo mantenés la estructura perfecta y acabada si detrás, a tan pocos pasos, acecha el ángel de lo absoluto, opuesto al de los “ojos con límites”. No sé, por cierto, responder, pero celebro tener que preguntarlo. Tampoco quiero resumirte los temas porque no soy profesora -quizá sea una desgracia, lo digo en serio- y sobre todo porque me son demasiado entrañables. Hay alguno, quizá el más terrible o el más intimidante, que alude al doble o a la sombra o al espejo o al quién soy

(Las instancias de desdoblamiento son varias en este libro, por ejemplo en “la Soterrada”, pág. 67: “…De vez en cuando baja mi alma a darme / cucharadas de fuego”),

que aparece transfigurado como enorme valentía y hermosura (por supuesto que es facilísimo luchar en la guerra comparado con ese descenso al infernal encuentro con la otra o con las otras).
Y no continúo, porque hay que hablar menos y releer más. Dura poesía y duro oficio de servirla pero vos no necesitás temer aquella alusión de Mateo XXX, 25 -o acaso era XXV, 30-.

(Se trata, en efecto, del pasaje de Mateo, XXV, 30, que corresponde a la parábola del servidor desleal. Este, en vez de hacer fructificar el talento (suma de dinero) que su amo le deja antes de emprender un largo viaje, lo entierra y lo devuelve sin acrecentamiento. Por eso será castigado y arrojado a “la tiniebla exterior, donde se oye crujir y rechinar de dientes”, según el evangelista. Es muy probable que Pizarnik conociera esta cita evangélica a partir del famoso poema de Borges (1953) que se titula precisamente “Mateo, XXV, 30” donde el escritor transpone la noción del talento a la totalidad de dones que la vida a conferido al poeta y que sin embargo se han desperdiciado. Ahí concluye, de una manera a la vez terrible y melancólica: “En vano te hemos prodigado el océano, / En vano el sol, que vieron maravillados los ojos de Whitman: / Has gastado los años y te han gastado / Y todavía no has escrito el poema.”).

     Gracias de nuevo y recibí mi mucha admiración y abrazo.
Alejandra


Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-