"Y recordá / la vida / no es más que estos pedazos de nosotros / compartidos con los demás"

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lunes, 3 de diciembre de 2018

JOSÉ MARÍA PALLAORO Luis Pazos, poeta del vacío












TALLER JOSÉ MARÍA PALLAORO





LUIS PAZOS, POETA DEL VACÍO[1]



El cazador metafísico. Poesía reunida I forma parte de una trilogía. Es el primer volumen editado, y está compuesto por cuatro libros escritos entre 1971 y 2006: El Cazador Metafísico, El Desierto, El arquitecto de la nada y Samurai. Luis Pazos nació en La Plata en 1940. Participó de la actividad artística en grupos fundamentales de la ciudad: Grupo Diagonal Cero, Grupo de los 13 y Escombros, con este último desde el año 1988 hasta la actualidad.

Salvo lo antes apuntado, desconozco en profundidad los diferentes oficios por los que atravesó Luis Pazos en su vida. Conozco, sí, su oficio de poeta desde hace muchos años. Poemas recogidos en diversas antologías grupales; incluso algunos de sus versos están incluidos en Naranjos de fascinante música, poesía contemporánea de amor en La Plata, antología que hemos armado junto al poeta Néstor Mux en el año 2003 y que editamos bajo el sello Libros de la talita dorada.

Pazos, es decir, su poesía, su poética, me acompaña desde mi adolescencia, desde su inicial El cazador metafísico (de 1971, libro premiado, entre otros, por Alberto Girri y Carlos Mostronardi), editado en 1972, y que leí hacia fines de esa década. El cazador metafísico, como bien nos indica su autor, tiene como protagonista al hombre contemporáneo, hombre lanzado a un supuesto bosque en busca de lo inalcanzable: la verdad.

“Dios es lo que no se refleja” (poema “El cazador metafísico”), así se inicia el libro. Está Dios. Los dioses. Que se ocultan, como todo cazador; salvo aquel cazador metafísico, que se encuentra visible en lo invisible. “Nuevamente/ todo nos pertenece” (poema “El oráculo”). Es esta reedición fiel a la original, salvo por la inclusión de un poema inédito (“El búho”) que concluye diciendo: “…toda vida es sagrada/ y toda carne debe vivir.”

Diecisiete años después de su primer libro de poemas, Luis Pazos publica en 1988 El desierto. Y El desierto es una continuación de su primer libro. Los títulos de los poemas dan el tono a ese espacio-lugar que todo hombre debe atravesar hasta quedarse quieto para siempre. Varios de ellos nos acercan a: La sospecha, El Mesías, La condición humana, La presa, La búsqueda, El castigo, El disfraz, El pozo, La materia de lo real, El horizonte, El bosque, El sobreviviente, El huérfano, La herida, La oscuridad, El dueño, El deber, La última cena, El precio, El orante, La ley, El legado y El desierto.

En todo atravesar de los desiertos, algunas veces, hay un sobreviviente que logra llegar con gran desdicha, aunque más no sea mintiéndose. Al detenerse, y antes de continuar hacia las ruinas humeantes, escribe en la arena este libro.

El arquitecto de la nada (2000, inédito hasta esta edición) es un libro que se perdió. Vuelve como fragmento que logró rescatar la memoria y su desamparo. Hay un inicio: “Todo lo demolió./ Hasta los cimientos/ y aún más”. (Poema I). El arquitecto de la nada trasunta en sus XX poemas canciones desesperadas, y desdichas, lágrimas y abismos y pesadillas. Hay un destruir y un construir. Hay un enterrar y desenterrar herramientas. Hay una nada que es la casa de todos: el vacío. “Construyó en el borde/ del abismo/ porque amaba el vacío”. (Poema XVIII). Como morada final “…un desierto/ sin nombre// la casa/ de su padre”. (Poema XX).

En 2006 escribe, a pedido de su hija Camila, el libro Samurai (también inédito). Ahora, Pazos nos narra (poetiza) en 75 poemas sin título el insomnio de un guerrero. Lo más sórdido de la condición humana se espeja en matanzas, orgías, sangre, odio, cobardías, es decir, humanos que se devoran así mismos. Ser samurai es no ser hombre porque ser hombre es ser débil. El desasosiego de la razón sensible engendra samuráis. Y el samurai escribe. Escribe y calma la sed en el acero de su espada. Godard en una de sus películas hace decir a uno de los protagonistas, cito de memoria: “Quiero ser inmortal, y luego morir”. El samurai se dice hecho de eternidad, y en su testamento escrito en el filo de su espada, nos dice la última línea del libro: “Les dejo el sol”. Está en nosotros descubrir si para alumbrarnos o anochecernos.

Luis Pazos es un poeta del vacío. Un vacío que se completa con la sustancia de la poesía. Y eso es lo que importa: el contenido de este hermoso y doloroso libro que nos dice que todo viaje es necesario, aún atravesando espesas nieblas y oscuridades. Pero está el arte y su sol, muchas veces de fugaces rayos, que nos transmite la necesaria claridad (como pedía Edgar Bayley) casi todos los días.


[1] Publicado en suplemento Ideas, diario Diagonales, La Plata, domingo 2 de octubre de 2011. Acerca de El cazador metafísico. Poesía reunida I, Libros de la talita dorada, 2011.


martes, 21 de agosto de 2018

César Amiel, Encuentro en Taller La Plata con Néstor Mux















TALLER CÉSAR AMIEL
(Berisso, 1965)
RESEÑA DE LECTURA
NESTOR MUX, DISCULPAS DEL IRASCIBLE

     Como participantes del taller literario "Mundo despierto" que coordina José María Pallaoro, hemos tenido el gusto de conocer -a través de la Antología Disculpas del irascible- al poeta platense Néstor Mux. Como reseña de trabajo decidimos elaborar una humilde visión literaria sobre la poesía del autor.

    Hemos pensado mil formas de contextualizar la obra literaria de Néstor Mux: Si puede o no encuadrarse en las características de la poesía clásica, o definirse como prosa escrita en versos, o si es o no conceptual.... Y, sin embargo, todas nuestras herramientas se fueron desvaneciendo a medida en que avanzamos en la lectura.

   Pues bien... Si tendríamos que expresar algo primordial en cuanto a la experiencia literaria que descubrimos en la obra del poeta, deberíamos de destacar "la emoción experimentada al encontrarnos con la persona del autor".

   Y esta emoción en el encuentro, se enraíza -más allá del talento literario que disfrutamos- en la condición humana que asoma en las letras de Nestor Mux por sobre todo otro tipo de consideración. Una poesía que transpira honestidad artística y personal, una poesía intima que evita de manera casi deliberada todo tipo de expresión grandilocuente. Un texto sincero, con profundo contenido filosófico que le escapa a las grandes definiciones del mundo -tan tentadoras y facilistas- para bucear en lo profundo de lo cotidiano sin ninguna otra ambición.

   Lo cotidiano pensado como una realidad insondable, poniendo en duda cada una de las conductas sociales aceptadas y respetadas: la falacia que representa el materialismo, lo ilusorio de la fama y poder, todo los prejuicios colectivos que tenemos en cuanto a la salud mental. Cada visión de época es interrogada por Mux en su obra, y a partir de su duda -con una inmensa cuota de sensibilidad-, reconstruye la percepción de su mundo en forma intima, sin ninguna vocación proclamatoria.

   El mundo de Mux no difiere en apariencia del mundo de cualquiera de nosotros: las cosas de la casa, los recuerdos de la infancia, la escuela, el barrio, los amigos, la familia. Todo lo que a cualquiera nos puede resultar trivial, el poeta, en cambio, lo transforma en mensajes de vida resignificados y sustentados por dos pensamientos que se denotan trascendentales en Mux: el respeto hacia lo femenino y el amor.

    Leyendo su antología Disculpas del irascible, observamos en general un cambio en la poesía a partir de Papeles a consideración (2004).

    En su primera parte percibimos un poeta más ensimismado, desvelado por empatizar y definir cada una de las cosas que lo rodea, asirse de la realidad en su puño, poesía escrita primera persona del plural, distante, nostálgico e incomprendido.

    A partir de Papeles a consideración, sentimos una poesía más iluminada, con una visión optimista y más cosmopolita, notoriamente atravesada por el amor. Una comunión más profunda del poeta con su mundo, textos más esperanzadores y comprometidos. Vemos también con mayor frecuencia, poesías compuestas en primera persona.

    Y para finalizar, fuimos al encuentro literario con el autor y resultó, para nuestro asombro, un encuentro casi personal, un retrato de vida pintado en letras.



El encuentro con Néstor Mux se produjo en Taller La Plata, el jueves 2 de agosto de 2018
César Amiel es integrante del Taller Mundo despierto
Foto: A la izquierda, parados, César Amiel, Camila, JMP y Néstor Mux

Antes del encuentro

Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

domingo, 5 de agosto de 2018

Marcelo Steblak, Encuentro en Taller La Plata con Néstor Mux










TALLER MARCELO STEBLAK
(La Plata, 1965)
ENCUENTRO CON NÉSTOR MUX
(ENCUENTRO CON LA POESÍA)

     Por fin la espera dejó de serla. Llegó el jueves 2 de agosto donde nos convoca el Taller Literario Mundo Despierto de José María Pallaoro al encuentro con Néstor Mux, poeta que nació en La Plata en 1945.
     Llegamos al Taller con Adriana con la grata sorpresa de que Néstor ya nos estaba esperando junto a José María. Ese hecho en sí mismo me pareció  de una humildad increíble,  de esas personas que trasmiten su arte sin pedir nada a cambio.
     Los demás participantes: Mirta, César, Camila y Laura, tía de Camila,  fueron entrando al departamento para comenzar un jueves distinto.
     Néstor extendiendo su mano para un saludo cordial  y con algunas preguntas sobre cada uno de nosotros producía en ese primer contacto la ruptura de la distancia.
     José María empezó leyendo un fragmento del capítulo “Poesía y poema” del libro El arco y la lira de Octavio Paz. Fue el disparador para una noche especial.

     La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar en una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!
     ¿Cómo no reconocer en cada una de estas fórmulas al poeta que la justifica y que al encarnarla le da vida? Expresiones de algo vivido y padecido, no tenemos más remedio que adherirnos a ellas —condenados a abandonar la primera por la segunda y a ésta por la siguiente. Su misma autenticidad muestra que la experiencia que justifica a cada uno de estos conceptos, los trasciende. Habrá, pues, que interrogar a los testimonios directos de la experiencia poética. La unidad de la poesía no puede ser asida sino a través del trato desnudo con el poema.
     Al preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundimos arbitrariamente poesía y poema? Ya Aristóteles decía que «nada hay de común, excepto la métrica, entre Hornero y Empédocles; y por esto con justicia se llama poeta al primero y fisiólogo al segundo». Y así es: no todo poema —o para ser exactos: no toda obra construida bajo las leyes del metro— contiene poesía. Pero esas obras métricas ¿Son verdaderos poemas o artefactos artísticos, didácticos o retóricos? Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico —estrofas, metros y rimas— ha sido tocado por la poesía. Hay máquinas de rimar pero no de poetizan Por otra parte, hay poesía sin poemas; paisajes, personas y hechos suelen ser poéticos: son poesía sin ser poemas. Pues bien, cuando la poesía se da como una condensación del azar o es una cristalización de poderes y circunstancias ajenos a la voluntad creadora del poeta, nos enfrentamos a lo poético. Cuando —pasivo o activo, despierto o sonámbulo— el poeta es el hilo conductor y transformador de la corriente poética, estamos en presencia de algo radicalmente distinto: una obra. Un poema es una obra. La poesía se polariza, se congrega y aisla en un producto humano: cuadro, canción, tragedia. Lo poético es poesía en estado amorfo; el poema es creación, poesía erguida. Sólo en el poema la poesía se aisla y revela plenamente. Es lícito preguntar al poema por el ser de la poesía si deja de concebirse a éste como una forma capaz de llenarse con cualquier contenido. El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre. Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o emite poesía. Forma y substancia son lo mismo.

     Una de las primeras apreciaciones de Néstor sobre el texto de Paz es que está muy bien. Resalta cómo los opuestos definen con maestría lo que representa la poesía. Ostenta, según Mux, todos los rostros y no representa a ninguno (risas de Néstor). En este fragmento, en la primera línea, el poeta se perdió en la palabra “poder”. Él nunca advirtió dominio sobre nada. Nos dice que la intención del poeta es crear un puente  entre el lector y el escritor.
     César, en ese instante, nos lee una parte de su reseña donde hace hincapié  en que la poesía de Néstor es una catarsis de sentimientos, que transpira honestidad artística y personal. Palabras que llegan hondamente al autor.
    ¿Qué es lo que hace que un texto sea un poema?
     En la naturaleza hay seres vivos: personas, animales, plantas. El poema para ser tal tiene que ser un agregado a esa naturaleza, tiene que estar vivo al abrir el libro. La poesía dice lo que otros géneros no pueden decir (lo indecible). Mirta hace referencia a un  poema que le gustó mucho “Posesiones”. Mux dice que utiliza lo material (la “sartén”) como excusa para transcender, en lo sencillo encuentra el pretexto para revelar lo que nos quiere transmitir. Y nos lee su poema.
     ¿Cómo fue tu encuentro con la poesía?
     A los 18 años formé un grupo con Oteriño, Ponce de León y Dillon, con quienes editamos una serie de cuadernillos. Fueron aproximaciones malas a la poesía. En esos tiempos pegábamos afiches en la calle. En  ese acto de rebeldía conocí a quien fuera mi mujer durante 33 años.  
   ¿Por qué empezó a escribir?, preguntó Camila. Para sorpresa de todos nos respondió que no sabía. Entonces quise saber cuándo sintió que encontró su tono, su voz. A partir de Nosotros en la tierra (1968), dice.
     César lee otro párrafo de su reseña donde nos dice que el mundo de Mux no difiere en apariencia del mundo de cualquiera de nosotros: las cosas de la casa, los recuerdos de la infancia, la familia. En ese momento recuerda el poema “Remolques y memorias” que hace referencia a su padre,  lo pudo escribir 5 años después de su  muerte. Fue importante en su vida. Dijo que recuerda que era un hombre de poco diálogo pero que cumplía muy bien su rol dentro de la familia. A Laura cada vez que lo escucha le surge  inmediatamente una emoción reparadora.  Adriana comenta que ese “remolque” no es sólo en sentido literal sino también metafórico y le menciona otro de sus poemas, inédito aún, “Olores”. Mux detiene su mirada en el poema. Lo lee.
    Sobre la poesía, Néstor comenta que el esfuerzo tiene que ser proporcional entre el escritor y el lector. Y a su vez lo visualiza como una naranja donde cada uno puede sacarle el jugo o no. Lo que más le agrada es lo que el lector imagina, por eso no se siente a gusto con los escritores herméticos porque no puede entrar ni salir de sus textos. Le agrada la sencillez de las palabras para alcanzar la profundidad.
    En distintas oportunidades, llamamos a nuestro profesor “Palla”, y esa mención le resulta un acierto de nuestra parte. Yo siempre lo llame Pallaoro, dijo.
    ¿Cualquiera puede escribir? Nace como interrogante en el grupo. Mux sostiene que todos pueden escribir pero no todos pueden llegar encontrar la manera de trasmitir lo que buscan.
    ¿Cómo aparece el poema?
     Dice que nunca escribe por compromiso; siente que algo puede ocurrir cuando un pensamiento, razonamiento lo empieza a perseguir como una sombra. Hay que meterse de lleno cuando llega la idea y encontrar el resquicio por donde pasar. Néstor considera que Juan José Hernández es demasiado literario en algunos de sus poemas; no así en sus cuentos donde realmente se  muestra sincero, por eso prefiere su narrativa. 
    ¿Corrige mucho sus textos?
     No corrijo mucho, sólo lo necesario para encontrar el tono. Una vez finalizados mis poemas Pallaoro es uno de mis primeros lectores como lo fue mi madre en su tiempo. Sus miradas me confirman que lo realizado es digno de estar escrito. Una anécdota le viene a la memoria cuando habla de las miradas. “Se encontraban varios poetas compartiendo un asado en mi casa. Yo estaba terminando un texto en mi Lettera 22, los versos cubrían toda la página. Se aproxima por detrás el poeta Horacio Nuñez West, y me dice que el poema estaba en las primeras líneas. Y quedó el texto definitivo. Se llama “Juanpedro”.
     César lee su reseña y Néstor concuerda con lo escrito sobre sus temas, la evolución de sus textos, los sentimientos. Nos comenta que los textos crecen con uno. Allí comenzamos a nombrar poemas que nos llegaron: “Perros atados”, “Muchachos”, “Fotografía en el hospital”. Para ordenarnos, como en distintos momentos del encuentro, José María vuelve a las preguntas: ¿Admirás a Fellini?
Sí, sostuvo Mux, aprendí mucho de él. Sus películas son perfectas, a pesar de que en vez de filmar el mar, utilizaba nylon para recrearlo. Era un gran mentiroso, brillante. Pero a mí no me sale mentir, soy sincero. Entre escribir sobre los cisnes en Bélgica y una situación familiar, elijo lo conocido. Algo que también siempre nos trasmite nuestro profesor.
     Pallaoro le pregunta acerca de Edgar Bayley y el movimiento invencionista. Néstor expresa que, por supuesto, se puede mentir en la poesía; a muchos le sale bien, pero a él, no.
     José María le entrega a Néstor una fotocopia de sus poemas inéditos, la serie “Sueños al ras del suelo”. Comienza a leerlos haciéndonos como Adán y Eva partícipes de la creación. Deseamos que más lectores en un futuro no tan lejano puedan disfrutar y emocionarse como nosotros lo hicimos.
     Como una extensión de este encuentro con Néstor Mux, llega la comida y el buen vino. Y con ellos las anécdotas del poeta que fueron estimuladas por José María Pallaoro quien lo conoce mucho.
     Una de ellas fue con el que fuera su maestro, Roberto Themis Speroni. En un comienzo Néstor le entregaba sus poemas  y éste le decía que no eran malos sino muy malos pero que lo siguiera intentando. Roberto frecuentaba el Banco Municipal donde trabajaba el padre de Mux. En esos encuentros ajenos al arte le mencionó que su hijo escribía muy bien, que iba a ser un excelente poeta pero que no se lo dijera. Su padre mantuvo su palabra hasta la muerte de Speroni. Para Néstor fue una sorpresa y una gran pérdida a la vez. 
   La del Tío Coco fue la más atractiva en cuanto al relato. Coco era el menor de 6 hermanos. Néstor nos dice que siempre le escapó al trabajo. Recortaba del diario esquelas para su jubilación. Todos sabíamos que nunca trabajó. Nos mirábamos y comentábamos que nunca le iba llegar la jubilación. Para nuestro asombro al poco tiempo de morir su jubilación le fue concedida.
    Nos despedimos con un hasta pronto, después de haber disfrutado de un encuentro con Néstor Mux, un encuentro con la poesía.


En Taller La Plata, jueves 2 de agosto de 2018,
Encuentro con el poeta Néstor Mux
Marcelo Steblak, integrante Taller Mundo despierto


Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

viernes, 27 de abril de 2018

Adriana Romano, Reseña Amelia Biagioni













TALLER ADRIANA ROMANO
(La Plata, 1960)
AMELIA BIAGIONI, UNA MIRADA

Amelia Biagioni (1916-2000) es una escritora argentina, nacida en Santa Fe. Profesora en letras, pertenece a la llamada Generación del 40, al igual que su contemporánea Olga Orozco. Su primer maestro fue José Pedroni, de ahí la presencia de Dios en sus inicios. Publicó seis libros de poemas, en los que muestra cambios a través del tiempo. Pero es a partir de El humo, su tercer libro publicado en 1967, que rompe con todo lo anterior, complejiza su escritura y comienza a verse en sus producciones, la magia, el esoterismo, la numerología.

En El humo toma como impulso creativo La divina comedia, de Dante Alighieri, quien creía en las correspondencias místicas, el significado de los números, en los símbolos. Está armado como un viaje con una introducción (“Oh infierno”), siete partes y una conclusión (“Oh cielo”), estableciendo un ciclo completo.

Muestra paradojas extrañas al agradecer al infierno por ser el lugar donde encuentra la dicha y buscar el cielo, para finalmente hallarlo en el pecho del vacío. En el poema que le da título al libro, y del que en dos de sus versiones, una en 1962 y la otra en 1987, cuestiona con dureza la ideología cristiana, pero ofrece espacio para múltiples interpretaciones. Cada día, cada noche es un poema circular donde la autora no puede salir del sufrimiento que le provoca no encontrarse.

Pueden no entenderse muchos de sus conceptos, al romper con esquemas preexistentes, pero maneja de maravilla la destreza literaria, el tiempo del dolor, imprimiendo su acento personal.

Sus versos poseen una estructura sintáctica coherente, buena sonoridad e imágenes que se apoyan y refuerzan constantemente. En la complejidad se puede encontrar la claridad de los versos que abren puertas y ventanas.

Amelia Biagioni nos seduce por el misterio que imprime, su magia, lo musical de su lenguaje. Dice cosas terribles, pero de tal manera que el lector se hipnotiza y deslumbra ante ellas.


Adriana Romano, integrante Taller Mundo despierto.


Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

Marcelo Steblak, Reseña Amelia Biagioni

















TALLER MARCELO STEBLAK
(La Plata, 1965)
AMELIA BIAGIONI, UNA MIRADA


Amelia Biagioni, poeta santafesina, publicó el libro El humo en el año 1967. Admiradora  del Dante y su Divina Comedia dejó plasmada en estos cuatro poemas leídos y analizados en taller esa pasión (“Oh Infierno”, “El humo”, “Cada día, cada noche” y “Oh cielo”).

En “Oh Infierno”, la escritora agradece al infierno la causa perdida, la tiniebla entre los dientes como representación de la caída al abismo que revela el sufrimiento del hecho creativo en sí.

En “El humo” está presente la cadencia del tono y el yo poético que encuentra el poeta con sus palabras. En uno de sus versos hace referencia a las lenguas antiguas cuando dice “las lenguas bífidas rosadas / carmesíes”.

En “Cada día, cada noche” Biagioni habla de la creación como fenómeno circular. Se despierta poeta y en la noche le llega la iluminación. Al otro día comienza su eterno retorno de este infierno literario.

Por último, el poema “Oh Cielo” es la búsqueda de la realización poética que puede suceder o no.

Finalizo con una frase de una carta de Alejandra Pizarnik enviada a Amelia Biagioni:

“Hay que hablar menos y releer más”.   


Marcelo Steblak, integrante Taller Mundo Despierto

Fuentes:




Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

domingo, 8 de abril de 2018

ALEJANDRA PIZARNIK Carta a Amelia Biagioni













TALLER ALEJANDRA PIZARNIK
(Buenos Aires, 1936-1972)
CARTA A AMELIA BIAGIONI
(1916-2000)


Buenos Aires, 18/XI/67

Querida Amelia:

     Mil gracias por EL HUMO (1967). Vengo de él y no logro encontrar una frase para destinarle; digo una frase como un manto real que a la vez fuera un manto de arpillera, una frase vestida de princesa pero mendiga.

     Por cierto que el primer gesto, al acabar tu libro –hace un minuto- ha sido colocarlo entre los libros que voy a releer -no hay muchos- porque EL HUMO me sedujo tanto que siento, simultáneamente, deseos de conocer -es imposible, lo sé, pero justamente- por qué y cómo y de qué manera. Por otra parte, la seducción se despliega en diversas gamas: el poema de la pág. 51, por ejemplo, es la seducción del misterio musical del lenguaje, o mejor, la magia hipnótica que me obligó a leerlo en voz viva.

(“Y ardiendo / acuden / las lenguas bífidas, / las rojas sibilas / ardiendo guay, / consumen, / las sibilas púrpuras, / las lenguas miserere / consuman, / ardiendo amén, / las lenguas encarnadas, / las perversas y santas inocentes, / ardiendo azules, / mentidas hasta el gris, / hasta gris verídicas, / ardiendo...”)

No es el único dotado de ese poder pero sí el más extremo.
     Esta mención te hará sonreír, acaso. ¿Cómo frente a cosas tan terribles, hablo de seducción y me complazco en magias “externas” -según algunos-? Precisamente, porque son terribles, y porque el lenguaje se les resiste y las traiciona, e incluso las anula, por eso, justamente, me impresionó doblemente tu libro. Precisamente, porque cada verso y cada palabra han sido llevados –padecidos- hasta su máxima tensión, y con toda la carga de sus sentidos plurales, estos poemas son un lugar -o un espacio- de reunión. Por eso, imagino, invocas a la dura poesía

(poema “Oh tenebrosa fulgurante”, pág. 65, donde doce: “Oh tenebrosa fulgurante, impía / que reinas entre cábala y quimera, / oh dura poesía / que hiciste mi imprevista calavera.”)

con términos lujosos y trágicos como si fuera la muerte; y por eso, imagino, ser poeta es, entre otras cosas, poseer esta virtud -sinónimo de “la condena”

 (“La condena”, poema de pág. 63, Biagioni describe el destino de Sísifo del poeta solitario que finalmente escucha otra voz “…Y reanudamos / la condena, cantando en el infierno”),

naturalmente- de adueñarse de la máxima paradoja -aquella que el viejo amigo Kierkegaard considera un escándalo. Paradoja que consistiría en que el más solitario, por obra y gracia de “alados Discursos”, crea un lugar -el poema- en donde otros solitarios se reúnen, se reconocen -en tanto afuera llueve y es invierno-. Tus poemas fueron siempre para mí lugares pero nunca lo fueron como ahora, gracias por EL HUMO. Incluso llegué a preguntarme cómo mantenés la estructura perfecta y acabada si detrás, a tan pocos pasos, acecha el ángel de lo absoluto, opuesto al de los “ojos con límites”. No sé, por cierto, responder, pero celebro tener que preguntarlo. Tampoco quiero resumirte los temas porque no soy profesora -quizá sea una desgracia, lo digo en serio- y sobre todo porque me son demasiado entrañables. Hay alguno, quizá el más terrible o el más intimidante, que alude al doble o a la sombra o al espejo o al quién soy

(Las instancias de desdoblamiento son varias en este libro, por ejemplo en “la Soterrada”, pág. 67: “…De vez en cuando baja mi alma a darme / cucharadas de fuego”),

que aparece transfigurado como enorme valentía y hermosura (por supuesto que es facilísimo luchar en la guerra comparado con ese descenso al infernal encuentro con la otra o con las otras).
Y no continúo, porque hay que hablar menos y releer más. Dura poesía y duro oficio de servirla pero vos no necesitás temer aquella alusión de Mateo XXX, 25 -o acaso era XXV, 30-.

(Se trata, en efecto, del pasaje de Mateo, XXV, 30, que corresponde a la parábola del servidor desleal. Este, en vez de hacer fructificar el talento (suma de dinero) que su amo le deja antes de emprender un largo viaje, lo entierra y lo devuelve sin acrecentamiento. Por eso será castigado y arrojado a “la tiniebla exterior, donde se oye crujir y rechinar de dientes”, según el evangelista. Es muy probable que Pizarnik conociera esta cita evangélica a partir del famoso poema de Borges (1953) que se titula precisamente “Mateo, XXV, 30” donde el escritor transpone la noción del talento a la totalidad de dones que la vida a conferido al poeta y que sin embargo se han desperdiciado. Ahí concluye, de una manera a la vez terrible y melancólica: “En vano te hemos prodigado el océano, / En vano el sol, que vieron maravillados los ojos de Whitman: / Has gastado los años y te han gastado / Y todavía no has escrito el poema.”).

     Gracias de nuevo y recibí mi mucha admiración y abrazo.
Alejandra


Los textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

domingo, 3 de diciembre de 2017

Daniel Piergiacomi, Encuentro con César Cantoni en City Bell 1

Luis Eizaguirre, Daniel Piergiacomi, César Cantoni, José María Pallaoro,
Nancy Romano y Paola Boccalari













TALLER CÉSAR CANTONI
(La Plata, 1951)
UN ACERCAMIENTO

     Como ya nos tiene acostumbrados José María nos acercó a la verdadera materia prima de la poética, basta de libros, de análisis, de conjeturas, este sábado vino el poeta en persona, encarnado esta vez en la figura de Cesar Cantoni. Ameno, discreto, autocrítico, fue de menor a mayor, adentrándonos en sus explicaciones, su historia personal, enarboló su avidez voraz de lector, y en su paleta de escritor destacó autores ingleses, fundamentalmente norteamericanos, resaltó sus influencias vanguardistas, y por momentos apeló a algunas lecturas filosóficas para sostener determinados pasajes de su propia poética. Escritor realista, simple, profundo, su literatura está llena de información, por momentos inquietante, maneja la dualidad religiosa de quien la conoce y no la termina de aceptar. Para muchos de nosotros no fue un sábado más, fue el sábado de Cantoni, nos llevamos la dedicatoria en su libro a modo de talismán , y la compleja y fatídica certeza de que no existen las fábricas de poesía, solo inspiraciones y miradas subjetivas que algunos pocos tienen la suerte de poder expresar.

Luis Eizaguirre, Daniel Piergiacomi, César Cantoni, José María Pallaoro,
Nancy Romano y Bernabé Malacalza


Un arte invisible, Libros de la talita dorada, 2016
Encuentro con César Cantoni, City Bell, 2 de diciembre de 2017
Daniel Piergiacomi, integrante del taller Mundo despierto, 2017


Los textos forman parte de estudio de ejercicios de taller.-

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Néstor Mux, un día en el mundo


UN DÍA EN EL MUNDO

Por Justine Bevilacqua *

     Como todos los jueves, plena de puro trajín universitario, me preparaba con un poco de euforia para salir hacia el encuentro. Ese mismo instante, el de todas las semanas, mi momento íntimo en donde se produce uno de los más grandes alimentos vitales: “el valor y el significado de la palabra”. En estos encuentros semanales, un grupo de personas dejan su vestimenta de profesionales, trabajadores, sus obligaciones y preocupaciones, por un par de horas se ocupan de darle una caricia sutil a nuestro ser al leer poesía y narrativa en el taller literario de José María Pallaoro. En ese espacio donde puedo tocar las letras conformadas y una sed constante de búsqueda que simultáneamente pido a gritos mesurados saciar de frases, versos y líneas conformadas. 

     Salí apurada hacia la casa de Carolina, nos saludamos como viejas amigas y esperamos a Mercedes para irnos a la casa de Pallaoro, comentándoles mi osadía de compartirles después una bebida espirituosa. Pensando, entre tanto, voy formulando hipótesis: buscar las causas y efectos de concurrir al mismo espacio y descubrir mundos diferentes, realidades diferentes, que entre las idas en auto nos ponemos a filosofar sin diferencias y podemos sacar punta a los temas más sencillos y complejos de la cotidianeidad.

     Llegamos a destino y me topé con un señor que me sonaba conocido. ¡Sí! Es Néstor Mux. Aunque ya sabía del encuentro con el poeta, ese primer lapso fue lo que me impulsó esa reacción de desconocimiento, el respeto suscitado por la persona que tantos jueves leí. 

     Nos sentamos todos alrededor de la mesa, esperando comenzar a escuchar qué tenía para decir, tan admirada por momentos, llegó sin previo aviso a la mente, ese “nosotros” que tantas veces remarcábamos en la antología Disculpas del irascible con lápiz sobre el libro, empezaba más que nunca para mí a tomar forma en la realidad, en ese aquí y ahora. 

     Al escuchar sus comienzos, su historia de vida, cada instante para llegar a dónde estaba, me producía un total acierto a una búsqueda, esa búsqueda que tanto anhelo a través de eso que llamamos versos, dándole un ritmo, un sentido y formas inacabadas. Las lecturas de Laura, Carolina y Graciela movilizaron altas sensaciones palpables, que sólo pocos conocen en mi exterior, muchas de las cuales no se puede describir más que en un mundo de “ideas-formas”, como dice Platón. Pero para mí es un honor al invitado, la vida le dio en este encuentro un premio merecido, que a mi entender, veo y decodifico, entre líneas al destino esperando alcanzarle a sus brazos estos instantes de vida. Respetar los silencios de la conversación y la lectura más propia, esa voz honda, llena de graves, rasposa, me da la valentía de creer que en otras épocas alguien que no conocí y no conozco en la actualidad puede llegar a conocer tan firmemente sentidos, caminos de profundidad, grandes interrogantes de la humanidad y el ser. Solamente el ser y nosotros. 

     Esas fotografías instantáneas, hechas en los hilos conductores de la lectura de Mux en mi memoria, me re-significan sus momentos cotidianos, como en esas anécdotas de barrio, los parientes personificados como historias de película, su trabajo en el Hipódromo, pegando carteles en la calle, la dedicatoria en un mosaico poético a una admiradora que luego resultaría ser su compañera de vida, todo eso hacen meterme en su historia como si fuera mía. Paisajes tan alejados para muchos y tan cercanos para mí. Es simplemente eso, el fuego interior que me precipita a seguir inventando música, prosa poética, pequeños versos o canciones, a “querer esto y no sabía”. A recurrir a elementos de la naturaleza: lluvia, sol, tierra, viento, jazmines, camas, sartenes, fuego, viento, árboles, ropa, botellas, para ser nosotros en la tierra y el paso por ella escribiéndome como secciones, determinando mi presente. 

     Porque más allá de ser parte de ese nosotros, de disculparme como un irascible, que nadie me pide que escriba y no apagar mi fuego interior, me quedo con un fragmento que leyó Mux suave pero fervientemente del poeta  Edgar Bayley, de “El espinillo”: 

“Y si no puede ofrecer la sombra ni la sonrisa ni el abrigo, nos ofrece en cambio una entrada, una amistad en su mundo, una fiebre distinta y necesaria. Algo más que un nombre: una existencia al lado de la nuestra.”


* Justine Bevilacqua.
Estudiante de Bellas Artes. Músico. Poeta.
Integrante del taller Mundo despierto, 2014.

Acerca de:
El encuentro con Néstor Mux se concretó el jueves 9 de octubre de 2014 en Mundo despierto, el taller de lectura y escritura creativa coordinado por José María Pallaoro en el Espacio-Encuentro La Poesía. Entre las 18hs. hasta cerca de la medianoche dialogaron con el poeta los integrantes del taller: Laura Ceniceros, Carolina Cortazzo, Graciela Abal, Hermeto González, Mercedes Do Eyo y Justine Bevilacqua.

Foto: Mercedes Do Eyo.

Néstor Mux, acerca de Disculpas del irascible


UN ARROYO QUE CONOCEMOS

Por Laura Ceniceros *


          En el poema “Imposibilidad de la palabra” (del libro Como quiera que sea, 1978, parte de cuyos poemas integran la antología titulada Disculpas del irascible), Néstor Mux (La Plata, 1945) nos dice: “El poema es ese pájaro desdichado y luminoso / que desde la tierra de nadie de nuestro corazón / atraviesa las infinitas miserias del mundo”. Allí pareciera estar el sentido y propósito de su poesía, de conjugar lo individual con lo colectivo.

          El mundo interior y propio, ese lugar “de nadie” y sólo de uno, con sus aspiraciones, aciertos, frustraciones, temores y alegrías, se enhebra entonces, con el mundo de los otros, y en un sitio: “esta tierra de todos”. Por eso, aún cuando habla de sí, el sujeto que se expresa en el poema es casi siempre plural: “nosotros”.

          Esta marcada dialéctica, siempre presente, es menos evidente con el transcurso del tiempo, donde los poemas se acercan más a la intimidad del poeta  memoriosos de las circunstancias de la propia vida (Poemas, 1985; Cosas que nos rodean, 1986) pero en los que siempre lo cotidiano sirve como trampolín para  sumergirse luego en las honduras del amor, la soledad, la muerte. Así un objeto, un auto roto, un  viejo con una bolsa de supermercado, son excusas para decir lo que en realidad se quiere decir o contar (Papeles a consideración ,2004).
           
          La poesía de Mux no tiene arrogancia, no es pretenciosa, pero es bella en su forma como en su contenido. Es simple, como intensa. Es “nuestra”.
           
          La belleza, sabemos, es una apreciación subjetiva, pero dudo que haya alguien sensible a quien la poesía de Mux no le despierte esa sensación del fluir de un arroyo que conocemos y del que hemos bebido su agua.


           
* Laura Ceniceros.
Integrante del taller Mundo despierto, 2014.

Disculpas del Irascible. Antología de poemas de Néstor Mux.
Selección de textos: José María Pallaoro. Libros de la talita dorada.

Acerca de:
El encuentro con Néstor Mux se concretó el jueves 9 de octubre de 2014 en Mundo despierto, el taller de lectura y escritura creativa coordinado por José María Pallaoro en el Espacio-Encuentro La Poesía. Entre las 18hs. hasta cerca de la medianoche dialogaron con el poeta los integrantes del taller: Laura Ceniceros, Carolina Cortazzo, Graciela Abal, Hermeto González, Mercedes Do Eyo y Justine Bevilacqua.


Foto: Mercedes Do Eyo.

domingo, 26 de octubre de 2014

Néstor Mux, Un poeta invita a otro poeta a su mesa


MUX

Por Hermeto González *


     Un poeta invita a otro poeta a su mesa de aprendices. Mux acude, se sienta y escucha: para comenzar Graciela lee resonancias de su obra, le devuelve emociones de las que fue causante.  Él se conmueve y agradece, porque sabe que muchos años ha escrito para recibir algo así; sólo que las señales a veces llegan a destiempo. Hoy  llegaron.

     Otras señales de que su obra ha recorrido esta mesa se escuchan. Pallaoro, el anfitrión, las alienta. También convoca a Mux a convidar de su obra viva, esa de interesantes anécdotas.

     Mux acepta. Habla de sus inicios en la escritura, de sus recorridos con otros, compañeros, maestros, amores. De sus momentos de escritura y sus silencios. Confía a los presentes versos e ideas actuales. Relata un sueño: Está en una mesa, a la que se acercan amigos ya muertos. Sorprendido indaga qué es lo que hacen ahí, si están muertos. Eso es lo de menos, contestan.

     Sus historias se componen de hechos cotidianos –como un sueño–  vivencias que podrían ser simple transcurrir, a la vez que se refieren a nosotros, apelan a nuestra humanidad. De igual forma sucede con su poesía: “las cosas que nos rodean”, los seres tangibles, los pies en la tierra, al mismo tiempo que las palabras trascienden lo concreto.

     Las historias continúan. Nos hablan de los espacios que habitamos, a quiénes encontramos, con quiénes nos perdemos, nuestras elecciones, el lugar en el mundo de los poetas, el lugar de cada uno.

     Si no fuese por la ansiedad, los cigarrillos, que indaga el reloj a cada rato, ni sabríamos qué hora es. Como no sabemos qué pasa afuera, si habrá refrescado, si todo eso sigue allí, si podremos volver al mundo, cómo nos encontraremos, cómo nos encontrarán. Eso es lo de menos, escucho otra vez. Claro, a esta altura qué importa la condición, si lo esencial es el encuentro.


Octubre, 2014.-

* Integrante Taller Mundo despierto
  
Foto: Mercedes Do Eyo.

Acerca de:


El encuentro con Néstor Mux se concretó el jueves 9 de octubre de 2014 en Mundo despierto, el taller de lectura y escritura creativa coordinado por José María Pallaoro en el Espacio-Encuentro La Poesía. Entre las 18hs. hasta cerca de la medianoche dialogaron con el poeta los integrantes del taller: Laura Ceniceros, Carolina Cortazzo, Graciela Abal, Hermeto González, Mercedes Do Eyo y Justine Bevilacqua.

viernes, 24 de octubre de 2014

Néstor Mux, Las cosas del afuera se quedaron en la puerta del parque


DANZAS CIRCULARES

Por Graciela Abal *

     La tarde comenzó cuando llegamos. Las cosas del afuera se quedaron en la puerta del parque junto a Basho, el gran perro de nuestro anfitrión. Mux, sentado en el extremo este de la mesa, parecía formar parte del espacio hasta hoy ocupado sólo por nosotros. Nosotros que todos los jueves nos damos el espacio de encuentro entre letras y palabras dibujadas en papel.

     La charla con Mux pareció empezar mucho antes, tan antes como cuando llegaron a nuestras manos las Disculpas del irascible, así que no fue difícil  acercarnos al hombre real, al escritor que ahora estaba junto a nosotros compartiendo sus poemas. Me tocó a mí comenzar con un relato que trataba cuestiones de su poesía. Leía y sentía que las palabras palpitaban en mi voz. (Uno nunca deja de conmoverse cuando los compañeros escuchan, pensé mientras leía). El silencio atravesaba el aire alrededor y parecía susurrar en mis orejas. Un silencio creativo, confiado, sosegado.

     Las palabras se precipitaron  y circularon, primero lenta y luego voraginosamente, las preguntas  se expandieron como chispas alrededor de las palabras de Mux. Se encendió el relato que ahora yo no estaba leyendo sino construyendo con los otros. El aire se distendió y se llenó de imágenes. Click...y si la poesía encuentra su lugar en el mundo hoy.....y si las diatribas de los celulares y si  la sociedad de consumo...Click… ¿y qué simboliza la lluvia en tu poesía? Click. Click. Click.

     Abrumadoramente se juntaron las sensaciones con los pensamientos y en un ambiente tan diverso como dialógico fluyeron las risas, las palabras danzarinas, los lectores, los autores. La poesía, que ahora leían otros, se dejaba caer de los  libros de la extensa biblioteca de Pallaoro. Se arremolinaron el aire, las agudas graves y esdrújulas, mientras Bayley, Castillo y Mux, sentados a la mesa, compartían el delicioso néctar de frutas que el anfitrión había acercado a la mesa.

     La tarde se extendió hasta la noche y entre estrellas y botellas olvidadas sobre el piso, se escucharon melodías flotantes, entrecuerdas junto a la dulce voz de Justine. Mi tiempo se terminó ahí, justamente cuando entre inquietudes y devaneos, lo más sigilosa posible, emprendí la retirada mientras  todavía se escuchaba el Click, click, click …


* Integrante del taller Mundo despierto.
Foto: Mercedes Do Eyo.

Acerca de:

El encuentro con Néstor Mux se concretó el jueves 9 de octubre de 2014 en Mundo despierto, el taller de lectura y escritura creativa coordinado por José María Pallaoro en el Espacio-Encuentro La Poesía. Entre las 18hs. hasta cerca de la medianoche dialogaron con el poeta los integrantes del taller: Laura Ceniceros, Carolina Cortazzo, Graciela Abal, Hermeto González, Mercedes Do Eyo y Justine Bevilacqua.

Néstor Mux, acerca de Disculpas del irascible


Por Graciela Abal *

     ¿Por qué un escritor deja de escribir? ¿Por qué un poeta  vuelve, casi por azar, a hacerlo? Estas son algunas preguntas que, inevitablemente, el lector piensa cuando recorre las páginas de Disculpas del irascible. En esta antología, breve, planteada inteligentemente por Libros de la Talita Dorada, Mux elige, selecciona y ordena su mundo como serpentina alrededor de la vida, y así nos permite a lectores ansiosos fotografiar sus textos como instantáneas. Es justamente ahí donde vemos al hombre y su circunstancia entrelazando  poesías cotidianas con un mundo de relaciones cercanas y profundas que va construyendo con palabras simples y claras. 
     Su relación con la palabra escrita, esa que parece abandonarlo o abandonarse a un desierto de fonemas sin grafías por alrededor de veinte años, merece que nos detengamos para que surjan otras preguntas. 
     ¿Qué pasa con el poeta en ese antes y después que parece marcar la selección que hoy tenemos en nuestras manos? ¿Por qué el editor resuelve hilvanar algunos textos y dejarnos con ausencias sin explicación?
     Desde ese “pájaro desdichado y luminoso”  que define la poesía en “Imposibilidad de la palabra” (Como quiera que sea, 1978) hasta esa “música imprecisa” que le otorga al autor un aire recobrado y lo hace respirar otra vez en Papeles a consideración, 2004. Se suceden muchas cosas, un largo recorrido de casi treinta años donde hechos, palabras, ausencias se mecen en un aire cremoso que nos deja cautivos.
     Los textos anticipan, traslucen la complejidad y la posibilidad del ser ante la circunstancia, las elecciones, las diatribas, los dilemas.
     Por suerte, el poeta comparte generosamente su derrotero sensible con nosotros, haciéndonos parte de su cotidiano y mostrándonos que la vida puede ser, muchas veces, un sinnúmero de eternidades, aproximaciones y aciertos como lo dice en el poema “Aprendizaje” (1978)  o bien, un ladrido agónico, atado, sin convicción como lo expresa tan desgarradamente en “Perros atados”, 1982.
“Un cielo negro como el sol de los muertos…”
     Ya en 1986, las cosas parecen dejarse ver de otra manera, En Cosas que nos rodean, Mux recupera la mirada en el aquí y ahora: lo que vemos, lo que tocamos y está casi al tocar nuestras manos: la lámpara, la cama, el cuchillo, objetos que usa  para enhebrar el presente con el pasado, y decirnos que lo que vemos es parte de un entramado grueso, pesado algunas veces pero siempre con historia. Un telar que se construye lentamente a través del tiempo dejando percibir su fragilidad y su modo discontinuo, precipitado a veces, cadencioso otras, y señala, anticipa, juega con su tiempo y con el tiempo natural, el que se percibe si observamos, si nos detenemos a cruzarlos  “… los tiempos del jazmín, se toman su tiempo”. (“El jazmín de la pérgola”).
     El tiempo, entonces, se subjetiviza. Y tanto ayer como cuarenta años después de este hoy, Mux nos ofrece una serie de poesías nuevas, imprevistas, musicales, intensas: Papeles a  consideración (2004), como si todavía no creyera que ese aire inexplicable que faltaba llegó  hoy, ahora, en este momento, después de tanto, sin quererlo como una forma de enseñarle y enseñarnos que
“(…) Y por un rato, sólo por un rato
aquí se está bien con uno
y con el pobre Chopin, un siglo y medio después.” 


* Integrante del taller Mundo despierto.

Acerca de:

Disculpas del irascible, Libros de la talita dorada, 2009.